Desparrame de estrenos. Post demasiado largo

Publicado por el Oct 10, 2005

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Primer acto. Mire usté. Fuera de Cataluña ya conocíamos a los chicos de Minoría Absoluta por su participación en Las cerezas. Igual que Los Simpson eran  al principio un espacio dentro del Show de Tracey Ullman y luego volaron, lo de los imitadores también tiene ahora programa propio. Algunas recreaciones (ya lo sabíamos) son prodigiosas (Zapatero, Acebes, el Príncipe). Otra cosa es que el espacio tenga una gracia continuada más allá de un gag suelto. Y para mí que el público sobra.


Segundo acto. Los hombres de Paco. La sorpresa de la noche. Creo que desde Murphy Brown no había visto una comedia que me gustara ya en el primer episodio. No sé, quizá tenía la noche blanda. Ya veremos con el tiempo. De todas maneras, estoy comparándola con el resto de la producción patria.  Lo primero que le sobra es metraje. ¿Por qué demonios tienen que ser tan largas las telecomedias españolas? Tanto mirar a Estados Unidos  en todo y no toman nota de las duraciones standard. Además de la presencia de la grandísima Adriana Ozores, Los hombres de Paco tuvo momentos de verdad tronchantes: la poli Rita tomando la temperatura al delincuente con una mano en su frente y la otra en la del malo; el momento entrar y salir del coche de los tres polis, o Pepón Nieto diciendo ‘Joder, la tuna’ cuando aparecen los mariachis en el bar. Y luego hay personajes bombón como Curtis, el compañero de pelos imposibles o la madre. Seguro que habrá quien se queje, pese al cartel enorme del final curándose en salud y avisando que no se están riendo de la policía. Es humor y, sobre todo, es ficción, cosa que siempre se olvida. Los policías zoquetes forman parte de la historia de la televisión. Por ejemplo, ahí está Car 54, Where are You?, serie de los años 60 protagonizada por Fred Gwynne (antes de irse a hacer de Herman Munster). De todas maneras, los tres policías protagonistas son personajes tan positivos que nadie con dos  dedos de frente podría quejarse.


Tercer acto. De vez en cuando, la vida.  Silvia Jato, hija, mejor estás en Pasapalabra. Menudo programa. Podría parecer que anda a medio camino de Sorpresa, sorpresa; Hay una carta para ti, y El diario de Patricia. La  diferencia es que aquí meten a todos los que están buscando a alguien en el mismo hotel, de manera que hacen que dos hermanas que no se han visto desde hace cienes y cienes de años se encuentren en un spa mientras a una le están dando masajes y la otra (ya masajeada y con la cara vuelta para la pared) escucha la historia de su familia. Y allí que una se levanta, toca a la otra y se abrazan en bañador. Más dramatismo había en la historia de la chica que va a morir de leucemia y consigue reunirse con su hermana, que la va a cuidar lo que le queda de vida y que va a hacerse cargo de sus hijos (el padre murió de un tumor cerebral hace unos años). A la hermana, los de inmigración no la habían dejado pasar en el aeropuerto del Prat cuando vino a cuidar a la moribunda (pero sí a su perro, que estaba en el plató). No me resisto a poner los nombres de las protagonistas: Valeska (la enferma), Romina (la hermana) y Nikita (la perra).  Yo me alegro de que el programa haga estos regalos pero a mí no me van a tener de espectadora. Y qué horas, por Dios, empieza a las doce casi y continúa hasta las dos y media.


 

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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