Carl Reiner grazna para House (del que se cuenta el final)

Publicado por el jun 24, 2009

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Melchor Miralles no sólo es productor, también es actor (y con línea de diálogo, que no se trata de apariciones hitchcockianas). Y su presencia, de pronto, en la escena del restaurante, fue de lo poco que me despertó de la modorra viendo  El Bloke. Coslada Cero. No sé, no termino de entender el concepto y la necesidad de la instant movie. Todavía no se han juzgado los hechos y ya tenemos peli. Y de un asunto feo, poco atractivo (lo mismo que pasó con Fago y con la mayoría de los sucesos llevados a la pantalla). Una de las virtudes de 23-F, el día más difícil del Rey (aparte de la perspectiva zarzuelera y de Emilio Gutiérrez Caba), y pese a tratarse de un asunto tan grosero, es que habían pasado muchos años de los hechos. Lo de Coslada es un asunto igualmente grosero (mucho más) y, encima, de la semana pasada. Esto en abstracto. En concreto, me da toda la impresión de una producción que quiere ser The Shield pero acaba siendo Médico de familia con malos de verdad (ese Carlos Fuentes).


No me extraña que no enganchara al personal, que prefirió dividirse entre El internado y el capítulo final de House, el que dejaba al doctor a las puertas del psiquiátrico mientras Chase y Cameron se casaban (yo lo estoy diciendo después de emitirse en Cuatro, lo que quiere decir muchas semanas después de que Fox la pusiera en v.o. y una o dos después de que la emitiera doblada pero ayer, antes del capítulo, vi un artículo de periódico ilustrado con la foto de la boda, con un par).


 Nunca he sido fan fatal de House, pero esta temporada me ha atrapado. Y los dos últimos episodios han sido una season finale como Dios manda. Con guiños (la aparición del gran Carl Reiner como enfermo que graznaba), con giros y con sorpresas (aunque como ya dije, lo de “Quieres besarme”, “Siempre quiero besarte” sonaba un poco falso). No obstante, al final siempre quedan ganas de volver a ver los dos últimos capítulos para repasar el mecanismo (igual que pasaba con El sexto sentido o pasa ahora con la novela Génesis de Bernard Beckett, tan cercana a la mitología de Battlestar Galactica y a la de una legendaria película que no voy a nombrar porque si no daría muchas pistas).


 Creo que los he visto (los dos capítulos finales de House) como cuatro veces en diferentes repeticiones de Fox y todo cuadra. La historia de las alucinaciones está mimilmétricamente escrita, todo tiene sentido tanto si lo interpretamos de una forma como de otra. Lo único que  me falla un poco es la reacción de Cuddy a la mañana siguiente (esto parece una peli de Jane Fonda y Jeff Bridges) y que a House le parezca tan normal. En cualquier caso, y me parece que esto no me ha pasado ningún año, estoy deseando que empiece la siguiente temporada.


Y de las expectativas por una pareja que a lo mejor en otoño puede volver a ser (ahí nos dejan con el caramelo otra vez) a la realidad de una que se ha separado. Nuestros queridos Bradley Whitford y Jane Kaczmarek se van a divorciar.  Con lo bien que les salían los anuncios de coches familiares.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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