Campaaaaana y se acabó

Publicado por el Jan 20, 2006

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Como consumidora de muchos años de telenovelas latinoamericanas tengo que reconocer que nunca le he visto la gracia a Pasión de gavilanes (PDG), al menos no entiendo por qué ha calado tan hondo. Quiero decir que muchas veces he seguido uno de esos productos tan divertidos, o sea, que no hablo desde el púlpito intelectual (lo cual sería un imposible, por otra parte). Desde Los ricos también lloran a Doña Beija, pasando por Cristal,  Caballo viejo, Señora (esa Caridad Canelón),   Inés Duarte, secretaria, Corazón salvajeCafé con aroma de mujer o Te voy a enseñar a querer (telenovela posterior a Pasión, también de Telemundo y con casi los mismos actores). Y me dejo muchas, que ya tengo bastante fama de petarda. Que Antena 3, en esa pieza previa a los capítulos finales, afirmara que PDG ‘marcará  un antes y un después en la producción de telenovelas’ es una de las memeces más grandes que se han escuchado en la tele (y hay competencia). 5.282.000 de espectadores y 27% de share dieron el triunfo a la cadena (claro, que supongo que los miles de anuncios también favorecieron el 24,5% de share de Gran Hermano, que casi se pudo seguir entero en los intermedios). La noche se presentaba como una party tv (como Eurovisión, como los Oscar). Lógicamente, cualquiera que haya visto dos telenovelas sabe que los capítulos finales no tienen precisamente las sorpresas de Alias, por poner un ejemplo. Ni siquiera las de Falcon Crest (probablemente, los mejores y más absurdos cliffhangers de la televisión). No pretenderían que el insólito y ridículo personaje del tío explorador y su relación con Eva y Ruth fuera una sorpresa. Al final hay boda, aunque sólo una porque las otras dos parejas ya estaban casadas. Quizá esa sea una de la pocas especialidades de PDG: que había tres pares de protagonistas. Y bueno, puerta. Menos mal que la sesión final tuvo algo bueno (además de que se acabara): Rosario Montes (Zharick León) y sus gogós con el culo al aire volvieron a actuar. Se las echaba de menos. Tanto pantano… hombre, que no había quien aguantara la cosa y el barro. Michel Brown fue a Buenafuente (junto a Miguel Marrón). Hasta él mismo lo dijo: ‘Ya era hora de que se acabara, porque estaban estirándola un poco’. Pues eso. Campana y se acabó el chicle.

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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