Aunque al ventrílocuo se le mueva la boca

Publicado por el Oct 24, 2011

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En Flores rotas, la película de Jarmush, lo más llamativo era Jessica Lange. Por la cara que se había dejado. En American Horror Story, lo más llamativo es Jessica Lange. Por la cara que nos deja. Esta vez, de admiración. Telecinco ha anunciado que va a emitir la nueva serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk (Nip/Tuck, Glee) que Fox estrena el 7 de noviembre en España. La serie de terror, por utilizar la expresión de Bree Van De Kamp, es un pasote. De no creer. Un pastiche atractivo y adictivo.

Es posible que cuando Telecinco la ponga ya nos hayamos cansado de tanto impacto. O todavía no hayamos descubierto todas las referencias. O los parecidos (el hombre del látex me remite a La piel que habito, y la serie, en general, a la desmesura en el límite del último Almodóvar). Pero de momento seguimos esperando al siguiente capítulo (no voy a desvelar nada) y comprobando por dónde tienen las narices de salir. Todo lleno de momentos ¡PQC! (nuestro WTF, What the fuck!). Murphy hace con el terror lo que Julian Fellowes con lo british. O sea, lo que Dalí decía: “El que no copia nada no produce nada”. Y ahí tenemos una amalgama de todos los lugares comunes del género presentados como si fueran nuevos. O no, pero da igual. Solo faltaba la música de Bernard Herrmann.

Pero hay más. Porque ves el porte de Jessica Lange y piensas en Joan Crawford haciendo maldades en Galería nocturna. Ves a Connie Britton y piensas que han cambiado a la pobre rubia de siempre que baja al sótano por una pelirroja atónita (qué momento cuando hace el tour en autobús). Ves a Frances Conroy, que también estaba en Flores rotas, y la ratificas como una de nuestras raras favoritas (la pequeña pero formidable Farmiga solo es una aprendiz). La  machacona promoción nos había presentado American Horror Story como la serie que estábamos deseando ver. Y como soy fácil de convencer, por ahora quiero seguir embobada. Aunque al ventrílocuo se le mueva la boca al hablar.

Una cosa más. Al margen. Una de las cuestiones más terroríficas, aunque involuntarias, es la de hacerse mayor. Connie Britton, pese a estar en edad fértil, es una señora haciéndose mayor. Como todas. Mientras, Dylan McDermott, seis años mayor, aparece todo el rato desnudo. Mariocaseando. Algo parecido pasaba cuando Jessica Lange nos enseñó aquella estupefaciente cara nueva en Flores Rotas mientras su ex Barryshnikov era Aleksandr Petrovsky, el latvian lover de Carrie Bradshaw. Como bailarín, Misha me parece lo más. Como hombre es un pocococido. Pero ahí está. Él entonces y ahora McDermott. Luciendo cacha.

En cualquier caso, y volviendo a la inquietante vecina, Jessica Lange está superlativa. Como actriz, como personaje sureño (esos que tan bien le salen) y como mujer que envejece. Después de Grey Gardens se le agradece esta nueva incursión en la televisión. Dice que porque eran 13 capítulos. Porque le han ofrecido series en networks y las ha rechazado. 13 capítulos también son un buen número para el compromiso del espectador. Si nos toman el pelo habrán sido solo 13.

 

 

 

 

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Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera. Más sobre «Enciende y Vámonos»

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