Un plan Marshall para África

Un plan Marshall para África

Publicado por el 05/09/2018

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Por José María Mella Marques, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid

Nuestra política no está dirigida contra algún país o doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos.” ― George Catlett Marshall

 

Desde hace ya un tiempo, se viene hablando de un Plan Marshall para África. Las noticias con las que nos encontramos diariamente en la cuenca del Mediterráneo nos interrogan sobre qué se puede hacer para responder al reto de miles de personas africanas que desean vivir y trabajar en Europa y de otras tantas para buscar asilo como refugiados. En el fondo, mal que les pese a algunos, podemos poner todo tipo de barreras por tierra, mar y aire; pero no hay modo de resolver ese problema sin codesarrollo y seguridad. Si África no se desarrolla, Europa no tiene futuro. Y ése debe ser el gran objetivo del Plan, si no quiere verse, ¡una vez más!, encerrado en un cajón.

Precisamente, a día de hoy, cabe observar cómo, tras los altos y bajos del Proceso de Barcelona (“Euromed”, de 1995) y de la Unión por el Mediterráneo (2008), los resultados de estas iniciativas han sido el producto de una visión simplemente comercial de la integración regional, pieza central de la estrategia de la UE hacia el Mediterráneo. Pero se necesita ir más allá. Es necesaria una transformación económica y política en el Sur en el marco de la integración regional africana, y de ésta con una mayor integración en la UE. En caso contrario, es muy difícil o imposible que la UE juegue un papel relevante en la esfera global y salga del ensimismamiento destructivo de su propia identidad.

Globalización y regionalización evolucionan conjuntamente. La regionalización se desarrolla por transformaciones económicas, sociales y políticas, que requieren proximidad geográfica. Esa es la base del desarrollo de la región Europa, Mediterráneo y África.

El comercio internacional de mercancías se reemplaza o complementa con la producción local de bienes y servicios en los países importadores, tanto en el Sur como en el Norte. El Sur está llamado a desarrollarse, por razones económicas, pero también de seguridad. Europa tiene la oportunidad a su Sur, África, de un gran potencial de crecimiento. Así lo ha visto Alemania en la preparación del G20 del mes de Julio de 2017. Cuando llamó a la reunión con el expresivo título “África y Europa: Un nuevo partenariado para el desarrollo, la paz y el futuro. Pasos para un Plan Marshall para África”. Pero del dicho al hecho va un trecho. Veremos.

De ahí viene la necesidad, práctica e inmediata, de una gran región común de Europa, con África y el Mediterráneo. Aunque aparezcan obstáculos que, como el islamismo radical, dificultan la mencionada transición hacia una mayor integración, habrá que ir superando por la alfabetización y la educación, en especial de las mujeres, juntamente con los derechos humanos de las poblaciones.

La edad media de la población en África es de 18 años. Se necesita, pues, la creación masiva de puestos de trabajo y oportunidades de empleo. Europa debe definir una estrategia clara de emigración legal, mientras combate la emigración irregular y el tráfico de personas. También se necesitan crear las condiciones económico-jurídicas y de entorno empresarial para la atracción de la inversión privada hacia África y la creación de las infraestructuras necesarias.

África deberá superar el estadio de mero exportador de materias primas. Para eso, tendrá que implementar políticas de desarrollo de un tejido de pequeños y medianas empresas y vincularlas a las cadenas internacionales de creación de valor. Por su parte, Europa deberá facilitar el acceso a sus mercados y levantar sus barreras comerciales a los flujos comerciales africanos.

El desarrollo de estas relaciones económicas deberá basarse en el Estado de derecho, en instituciones transparentes y alejadas de prácticas corruptas, administraciones cada vez más eficientes y un crecimiento económico que alcance a las clases más desfavorecidas de la población.

Esta propuesta de Plan Marshall requiere una estrecha cooperación de las instituciones europeas y africanas para garantizar un comercio de interés mutuo, combatir los flujos financieros ilícitos y controlar la venta de armas a los lugares en conflicto. En este sentido, dicha cooperación necesita acompañarse de un mayor protagonismo de África en la Organización Mundial de Comercio y en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El Plan Marshall debe priorizar la satisfacción de las necesidades básicas de la población: seguridad alimentaria, agua, energía, infraestructuras, digitalización, acceso a la salud y a la educación, sobre todo para las mujeres y las niñas. Necesita aprovechar las oportunidades de desarrollo de la creciente urbanización de África y capitalizar la transformación de la agricultura y el desarrollo rural.

La integración Norte-Sur, en un proyecto común, es la base para evitar la multiplicación migratoria incontrolada, que permita los flujos de capital para el desarrollo del continente africano, una mayor apertura exterior de la UE y la coproducción. Esto implica superar la deslocalización productiva y caminar hacia la industrialización de las economías sureñas, el fomento de la seguridad (personal, alimentaria, energética) y la construcción de sistemas políticos basados en el derecho y la buena gobernanza.

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