2018: Previsiones y reflexión sobre la Unión Europea

Publicado por el 24/01/2018

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Por M. Carmen Lima Díaz, Universidad Pablo de Olavide

Comienza un nuevo año y, como siempre por estas fechas, releemos las previsiones económicas más recientes tratando de anticipar lo que nos depara el ejercicio recién estrenado. A la espera del “Winter forecast” de la Comisión Europea, y basándonos en las últimas previsiones publicadas por esta institución en el informe de otoño, el contexto económico se plantea favorable tanto en la UE y el área euro como también, a grandes líneas, en el ámbito internacional.

El ejecutivo de la UE anticipa que cerraríamos 2017 con un crecimiento del PIB real de un 2.2% en la eurozona, una décima más si computamos este indicador para el conjunto de socios europeos. Los datos dibujarían una senda de crecimiento en ambos bloques del 2.1% para 2018 y algo más moderado, el 1.9% en 2019; valores más optimistas que los que se plateaban en primavera. En cuanto al desempleo, los países de la Unión Monetaria terminarían 2017 con una tasa de paro en promedio del 9.1%, logrando bajarla algo más de medio punto anual en 2018 y 2019, hasta alcanzar el 7.9% en dicha fecha; en torno a un punto por encima de la previsión para la UE. Los datos anteriores vendrían apoyados por la recuperación cíclica, el fortalecimiento del consumo privado, las buenas condiciones para la inversión y la coyuntura mundial. No obstante, el mercado de trabajo se vería empañado por una recuperación demasiado lenta de los salarios y tanto el crecimiento como la inflación permanecerían algo dependientes aún de las políticas incentivadoras aplicadas. Las cuentas públicas mostrarían un progresivo saneamiento para los países del euro, de manera que el déficit público lograría situarse a un nivel inferior al 1% del PIB a partir de 2018 y la deuda pública pasaría de estar próxima al 90% en la actualidad, a bajar en dos años a un promedio del 85% del PIB.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional en su último “World Economic Outlook”, se mostraría algo más moderado en sus previsiones para la eurozona, fijando los indicadores de crecimiento entre una y dos décimas por debajo de las pautadas por la Comisión. Junto con el buen comportamiento de las exportaciones que aprovecharían las inercias del comercio global, esta institución destaca la fortaleza de la demanda interna sin olvidar la importancia de los estímulos financieros y la necesidad del freno a la incertidumbre política; destacando además, los riesgos de la baja contribución de la productividad a las cifras de crecimiento y el débil comportamiento de la inflación.

Una vez dibujado el escenario macroeconómico a corto y medio plazo, no podemos abstraernos de turbulencias evidentes. Son muchas las cuestiones que podrían desestabilizar las previsiones e influir en los datos presentados. La amplia negociación aún pendiente del cuestionado Brexit, una vez acordada la factura para el Reino Unido, las tensiones entre algunos socios y las instituciones comunitarias, las crisis políticas; generan posiciones encontradas e incertidumbre. Tampoco debemos obviar las brechas abiertas dentro de los propios estados miembros, siendo Cataluña el ejemplo más sonado en los últimos tiempos, pero no el único que ha ido aflorando en la Unión. Todo ello, aderezado con la convulsa situación internacional, que nos debe mantener en permanente alerta tanto por razones económicas como de seguridad.

La Unión Europea se recupera de una grave crisis sin precedentes que desestabilizó sus cimientos, poniendo al descubierto importantes debilidades, imprecisiones y aspectos fundamentales inconclusos de la misma. El club de países que habían cedido su soberanía nacional en el ámbito monetario en favor de una integración más profunda, resultó ser el más vulnerable al carecer de herramientas de ajuste, lo que provocó un desplome de sus economías más débiles. El BCE salió en defensa del euro, la Comisión Europea impulsó la aprobación de nuevas medidas de regulación del sistema financiero y de mejora de la gobernanza económica; pero debiéramos ir más allá de la autocomplacencia.

Es ahora, cuando parecen asentarse las economías, cuando se echa en falta una reflexión más estructural sobre lo ocurrido y una respuesta firme para tratar de paliar la fractura social generada en términos de empleo y distribución de la renta. Para ello tan sólo cabe un replanteamiento de fondo del proceso de integración europeo, su envergadura y calado; sobre el que se buscan consensos en el eje franco-alemán. Un proyecto ilusionante que impulse una cooperación más amplia y rescate los olvidados valores europeos y que pudiera convencer a quienes, por el contrario, desean recortar compromisos y frenar nuevas políticas.

 

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