El censo del nuevo emperador

Publicado por el 03/06/2015

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Por: Mª Luisa Gómez Moreno. Profesora Titular de Análisis Geográfico Regional Departamento de Geografía Facultad de Filosofia y Letras Universidad de Málaga

La distancia entre la realidad socioterritorial y los resultados del análisis de la misma a partir de las fuentes estadísticas se ha incrementado de forma alarmante en este año 2014. Aunque ya se había anunciado que el Censo de Población de 2011 se realizaría por muestreo y no cubriendo el universo completo de la población española, a esta restricción que ya repercute en la fiabilidad de los datos, hay que unir otra cuyas consecuencias son especialmente nefastas para los estudios a escalas detalladas: la que impide el acceso a los datos por razones de confidencialidad. El resultado de ambas medidas es  especialmente nefasto para los estudios socioterritoriales a escala detallada y correspondientes a municipios con escasa población.

En efecto, suponen la ruptura de una muy positiva trayectoria iniciada en 1991 y, en casos como la provincia de Málaga, en 1986 gracias a la explotación que del Padrón de ese año publicó la Diputación Provincial, de avance continuo en el detalle del conocimiento de la actividad económica desempeñada por los habitantes de todas las escalas del territorio español. Si en el Censo de Población de 1991 se llegó a los 2 dígitos de la CNA y de la CNO, en el 2001 la disponibilidad de datos a 3 dígitos facilitaba el diagnóstico de la evolución de estas comunidades, fundamental para la metodología de los estudios de desarrollo local, base de figuras de planificación asumidas por las distintas escalas de la administración del Estado, como los programas de desarrollo rural, auspiciados por la Unión Europea; los programas de desarrollo sostenible ligados a la gestión de los parques nacionales y naturales y los planes estratégicos formulados por algunos municipios.

El seguimiento de esta evolución tras la crisis del 2007 ya no será posible, puesto que, como recogemos en los cuadros adjuntos, el acceso a los datos detallados no responde a una jerarquía explícita sino aleatoria, al depender el grado de confidencialidad del muestreo aplicado por lo que municipios con un número similar de habitantes presentan distinto grado de acceso a los datos.

Si esta reflexión surgió de mi primer encuentro con la progresiva publicación de los resultados detallados en la página web del Instituto Nacional de Estadística preparando los procedimientos de análisis regional interescalar incluidos en las asignaturas que imparto (Geografía de Andalucía y Territorio y paisaje. Introducción a los métodos de la Geografía) un hecho, en principio anecdótico, ha pasado a categoría y es esta segunda reflexión que paso a exponer la que da título a este texto. Para contextualizarlo he de precisar que tengo la suerte de poder compartir mis tareas profesionales universitarias con colegas de disciplinas muy dispares. En este caso se trata de un docente de ingeniería de la telecomunicación. Al hilo de una comentario sobre la evolución de la aportación económica del Parque Tecnológico de Málaga a la economía provincial, y conociendo el débil peso que los ocupados en establecimientos dedicados a las actividades relacionadas con las nuevas tecnologías retenían en el Censo de 2001, me planteé recoger los datos del 2011 y sistematizarlos para conocer su tendencia interescalar (estado, comunidad autónoma de Andalucía y provincia). Mientras que realizaba estas tareas pude zafarme de la sensación de impotencia que me había castigado preparando las tareas del alumnado ya que a escala provincial el acceso a los tres dígitos es factible. Pero el golpe vino después, cuando leí la respuesta de mi citado colega tras revisar los resultados. Era simplemente demoledora: tras leer las precisiones metodológicas con las que antecedí los cuadros, y con argumentaciones en todo contundentes, decidió que “mi agudo análisis” no le servía porque “ponía en cuestión los datos” de base. ¿Cuáles eran estas argumentaciones? Aquí radica la justificación del título de mi texto, sólo alguien que está fuera del contexto llamémosle áulico-académico definido por la especialización disciplinar es capaz de decir una verdad contundente que redunda, ni más ni menos, que en la invalidez de los estudios sobre distribución espacial y evolución de la actividad económica de los españoles. A saber: que los datos se extraen de los códigos que las empresas e instituciones emplean para describir su actividad; que estos códigos brillan por su obsolescencia; que cuando empresas o individuos no se ven identificados en dichos códigos tienen a emplear un método aleatorio de asignación. En el momento en que las leí lo primero que vino a mi mente fue el cada vez más complejo aparato estadístico al que sometemos a estos débiles datos para, en una suicida línea poperiana, refutar o validar teorías formuladas por otros académicos allende o aquende los mares. En suma, nuestros cálculos basados en los censos de población son como el Mago de Oz, un frágil cuerpecillo revestido  de un hueco, ampuloso e impresionante ropaje estadístico que les facilita su validación en publicaciones de prestigio (peer review). Pero cuando un colega está acostumbrado por su disciplina a trabajar con datos forzosamente más reales dice, tranquilamente, que el emperador está desnudo.

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