Investigación y desarrollo en España y sus regiones: Una asignatura pendiente

Publicado por el 25/03/2015

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Por: José Villaverde Castro. Catedrático de Fundamentos de Análisis Económico. Universidad de Cantabria.

Bien sea porque estamos más capacitados para las “artes y las letras” que para las ciencias (argumento que no comparto), o porque investigar es, en líneas generales, más costoso que crear algo bello (argumento al que me siento mucho más cercano), lo cierto es que nuestro país nunca ha destacado en investigación. A ello ha contribuido, sin lugar a dudas, la escasa atención que, tradicionalmente, nuestros gobernantes han prestado a la materia, hasta el punto de hacer que arraiguen en nosotros opiniones tan peregrinas y fuera de lugar como el “que inventen ellos” que pronunciara, en su día, Miguel de Unamuno.

Afortunadamente, y con la instauración de la democracia, parecía que las cosas habían empezado a mejorar en España, sobre todo, hay que decirlo, a raíz de la atención prestada a la I+D por los gobiernos socialistas. Por desgracia, la crisis económica ha dado al traste con todo ello (en este caso las culpas se reparten entre socialistas y populares), dando la impresión de que, pese a todo y como sociedad, seguimos pensando que eso de investigar no es para nosotros.

Para justificar que lo dicho no se trata de una afirmación sin fundamento, basta mirar cómo está la situación de la I+D, hoy en día, en nuestro país y en las diferentes comunidades autónomas. De acuerdo con la cifras publicadas por la OCDE, España invertía en I+D en el año 2000 en torno al 0,9% de su PIB; trece años después, en 2013, la cifra había subido hasta el 1,2%, después de haber tocado techo, con un valor del 1,4%, en 2009. Para calibrar si estos porcentajes son altos o bajos resulta suficiente compararlos con los que se dan por otros lares. La media de los países de la OCDE se sitúa, en los años mencionados, entre el 2,1 y el 2,4%, lo cual quiere decir que, en esencia, duplica a la española. Esto, que es importante en sí mismo, lo es más si se considera que la media de la OCDE tiene un comportamiento más estable, mucho menos volátil en el tiempo, que el español. La razón es muy simple: la investigación es un proceso acumulativo de medio y largo plazo, de forma que contar con una gran estabilidad en el ámbito de la financiación constituye una de las bases de su éxito.

Por desgracia, la comparación se vuelve más en contra de nosotros si en lugar de efectuarla con la media de la OCDE lo hacemos con países como Finlandia, Suecia o Alemania, por no decir ya Corea del Sur o Israel; en los países europeos mencionados el esfuerzo inversor en I+D se sitúa o sobrepasa el 3% del PIB, mientras que en los otros dos está por encima del 4%.

¿Y qué ocurre con nuestras comunidades autónomas? Pues, aparte de que hay de todo, como en botica, lo más sorprendente es la fuerte disparidad que se aprecia entre ellas. La comunidad más inversora, el País Vasco (2,09%), nada menos que sextuplica el porcentaje de inversión en I+D de la que menos destina, Baleares (0,33%). La dispersión, pues, es muy grande y, según parece, no muestra síntomas de disminución.

¿Qué enseñanzas se pueden extraer de todo esto? En esencia, me parece que dos, que no por ya conocidas dejan de ser importantes. La primera es que, como norma, las economías que más invierten en I+D suelen ser las más desarrolladas o las que han acelerado más su proceso de crecimiento. El caso de los países nórdicos, entre los primeros, y el de Corea del Sur, entre los segundos, constituye un ejemplo muy claro.

La segunda, más directamente asociada a nuestro caso, es que, pese a que como país no mostramos un gran interés por la I+D, es obvio que hay distintas “sensibilidades” regionales. Si es cierta la máxima evangélica de que “por sus obras los conoceréis”, es evidente que, además del País Vasco, comunidades como Navarra, Cataluña y Madrid están mucho más volcadas en el fenómeno investigador que el resto de las comunidades autónomas. Vuelve a ponerse de manifiesto aquí, por cierto, el nexo positivo entre I+D y grado de desarrollo.

Si el vínculo entre inversión en I+D y renta per cápita es tan evidente, ¿Por qué nuestros políticos prestan, de hecho, tan poca atención a la primera? Quizás porque, como se apunta con frecuencia, su visión de las cosas es muy cortoplacista y la inversión en I+D sólo da sus frutos, ya lo apuntamos antes, a medio y largo plazo. Así nos van las cosas.

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