¿Cómo ha afectado la crisis a la desigualdad de la renta? Un análisis por Comunidades Autónomas

Publicado por el 26/11/2014

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Por Jesús Pérez Mayo Universidad de Extremadura

En el análisis de la desigualdad, sobre todo, en un período de extensa e intensa crisis como la que viene sufriendo la sociedad española, es interesante ir más allá de los indicadores usualmente utilizados -como, por ejemplo, el índice de Gini- que resumen la situación y observar qué ocurre con los extremos de la distribución de la renta. Esta cuestión cobra relevancia para determinar cómo se reparten entre la población los costes de la crisis, quién se ha visto más perjudicado o incluso si alguien ha mejorado su situación.

La persistencia de la crisis está haciendo, como afirmó hace un tiempo la Fundación FOESSA, que “la pobreza se haga más extensa, más intensa y más crónica”. Es decir, que afecte a más personas, lo haga más duramente y durante más tiempo. Este fenómeno está claramente relacionado con la desigualdad. Una sociedad más desigual donde las diferencias entre los extremos sean mayores tendrá más problemas para atajar o reducir la pobreza.

Una manera de observar cómo se han repartido los efectos de la crisis es analizar qué ha ocurrido con la renta media del diez por ciento más pobre y más rico de la población al inicio y al final de un período, en este caso el período 2008-2012, trabajando en términos reales para eliminar los efectos de la inflación. Para el conjunto nacional, este análisis puede verse en diversas publicaciones como el informe 03/13 del Consejo Económico y Social (2013) sobre la distribución de la renta en España, o algunos de los últimos informes de la OCDE comparando la situación española en el contexto internacional. Todos estos trabajos ponen de manifiesto el aumento de la desigualdad en su conjunto y la creciente disparidad entre los extremos de la distribución en los países desarrollados.

En el último informe FOESSA, este panorama conjunto se ha desagregado por Comunidades Autónomas como puede comprobarse en uno de los diez gráficos usados para resumir la información del citado informe. Según este gráfico y el documento de trabajo que apoya las conclusiones del capítulo 2, entre los años 2008 y 2012 en la mayor parte de las Comunidades Autónomas la recesión ha afectado duramente a las familias de menor renta y, aunque la renta real media ha disminuido en prácticamente todas las Comunidades Autónomas, el 10 por ciento más rico de la población está soportando mejor la crisis e incluso ha llegado a aumentar su renta media en algunos territorios. Es decir, quienes peor estaban al inicio de la crisis han visto cómo les afectaba en mayor medida, fundamentalmente por la fuerte destrucción de empleo experimentada por la economía española en estos años y el agotamiento de los recursos alternativos al salario vía prestaciones y ahorros familiares debido a la duración de la recesión.

Esta evolución de la desigualdad no es sólo importante per se, sino también por su relevancia para explicar la evolución del riesgo de pobreza. Cuando se revisan las tasas oficiales en ese período, se pueden observar cambios muy ligeros. De hecho, según el INE el riesgo de pobreza pasó del 20,8 por ciento en 2008 al 22,2 por ciento en 2012 en el conjunto nacional, y en la mayor parte de las Comunidades Autónomas los cambios estuvieron en torno a dicha magnitud. Sin embargo, estas variaciones aparentemente pequeñas en las tasas oficiales de riesgo de pobreza esconden en realidad un claro empeoramiento en las condiciones de vida de los colectivos con menor renta. Dicha “convergencia” no se produce por una mejora de los que peor estaban, sino por un empeoramiento de los situados en el centro de la distribución.

No obstante, este fenómeno, el aumento de la desigualdad, no ha acontecido sólo en la economía española ni ha venido provocado únicamente por la actual crisis. Desde las últimas décadas del pasado siglo, las sociedades de los países desarrollados están experimentando un incremento paulatino de la desigualdad con importantes consecuencias no sólo económicas, sino también sociales y políticas. En un espacio como éste, preocupado por la cohesión regional, el análisis de las implicaciones en términos regionales del aumento de las disparidades entre personas y territorios se vuelve fundamental.

 

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