El crecimiento a salto de rana de la ciudad de Madrid

Publicado por el 08/09/2014

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Por Fernando Rubiera Morollón, Victor Gonzalez Marroquín y José Luis Pérez Rivero. REGIOlab – Laboratorio de Análisis Económico Regional de la Universidad de Oviedo

La imagen adjunta forma parte de la tesis doctoral que Víctor González Marroquín esta realizando bajo la dirección de José Luis Pérez Rivero y Fernando Rubiera Morollón en el seno de REGIOlab – Laboratorio de Análisis Económico Regional de la Universidad de Oviedo (http://www.uniovi.net/regiolab). En dicha tesis se ha hecho un esfuerzo para integrar la cartografía digital y geo-referenciada más avanzada para España: las series BCN25 y BTN25 del IGN-CNIG disponibles para distintos momentos de tiempo desde 1974 hasta 2008. Gracias a este esfuerzo podemos disponer de una sucesión de imágenes de gran precisión que muestran donde se han ido realizando las edificaciones e infraestructuras en las ciudades españolas durante las tres últimas décadas. Esto nos permite estudiar su evolución y crecimiento.

Edificaciones en Madrid, Comunidad Autónoma y área metropolitana, existentes 1980 (gris) y aparecidas en 2002 (negro)

En la imagen se representa el caso de Madrid. En tono gris se recogen las edificaciones previas a los años 80 y en color más oscuro las realizadas tras esta década. Se pueden identificar los núcleos por los que la principal área metropolitana de España ha crecido desde los 80 y como éste crecimiento ha afectado a la morfología tradicional de la ciudad.

La escala de la imagen, agregada al máximo para poder tener una idea del conjunto metropolitano de Madrid que abarca la práctica totalidad de la Comunidad, no nos permite distinguir fenómenos muy precisos. Sin embargo es posible identificar una de las características más llamativas del crecimiento de Madrid: su desarrollo a saltos. En el centro de la imagen esta la propia ciudad de Madrid, un espacio compacto y mayoritariamente urbanizado antes de los 80. La mayor parte del crecimiento reciente se ha producido fuera de la ciudad, en el amplísimo número de núcleos residenciales satélite de la capital. Pero Madrid no se va extendiendo de forma contigua, como ocurre en otras ciudades españolas. Crece a saltos discontinuos en ocasiones con grandes extensiones entre unos núcleos y otros.  Este fenómeno es conocido en la literatura urbana como crecimiento a salto de rana, a partir de la expresión usada en inglés leapfrogging. No es la forma habitual de desarrollarse una ciudad. Lo normal es que la ciudad se vaya extendiendo desde el centro hacía fuera de un modo más o menos compacto en función de múltiples condicionantes. Es habitual que una zona presente mayor desarrollo, ya sea por sus características orográficas o por factores históricos o institucionales. Por lo tanto es fácil ver que la ciudad se extiende por un sector más rápido que por otros. También es fácil ver la influencia de las infraestructuras que hacen que la ciudad se expande por sus principales ramales de comunicación. Pero el crecimiento a salto de rana es un fenómeno menos habitual aunque compartido por varias ciudades del mundo.

¿Qué es lo que hace que una ciudad crezca a saltos de rana? No es una pregunta fácil de responder y, como en cualquier fenómeno urbanístico, hay muchos elementos explicativos que interactúan complejamente. Una explicación viene del hecho de que este tipo de crecimiento, cuando se apoya en la existencia de muchos núcleos rurales o pequeñas ciudades previamente existentes como ocurre en Madrid, tiene una gran ventaja: permite a los ciudadanos tener la sensación de que residen en un entorno semi-rural o de ciudad manejable aunque dentro de las oportunidades y características de una gran metrópoli. Los núcleos rurales o pequeñas ciudades que ya existían suministran rápido servicios propios de una ciudad a las nuevas urbanizaciones residenciales. En este sentido es muy cómodo lo que explica su repetido éxito a lo largo de la geografía madrileña. Pero su abuso tiene costes importantes: las distancias entre núcleos son excesivamente amplias, el uso de tierra es muy extensivo con un fuerte impacto medioambiental y fuerza a un modelo de comunicaciones que, salvo que haya una rápida reacción de los servicios públicos de transporte, tendera a estar volcado sobre el vehículo privado.

En ocasiones el salto de rana tiene un origen menos natural y mucho mas peligroso. Las grandes constructoras prefieren urbanizar lejos del núcleo urbano y lejos de la ciudad principal aunque dispongan de un amplio terreno sobre el que trabajar. De este modo los espacios más valiosos, por su localización más próxima al núcleo principal de referencia, son urbanizados al final cuando, gracias a la urbanización hecha a saltos adquieren mayor valor.  Este tipo de operaciones provocan solamente un coste especulativo si se acaba completando el plan. Pero si una repentina y fuerte crisis frena en seco los desarrollos urbanísticos planeados nos deja una huella en el paisaje urbano: incomprensibles y muy ineficientes discontinuidades de la ciudad. Este hecho es evidente en muchos puntos a lo largo de la metrópolis de Madrid.

El crecimiento a salto de rana evidencia una realidad importante: la planificación urbana de una gran ciudad debe operar siempre en la escala metropolitana. Cualquier urbanización en el área metropolitana afecta a la vida de la ciudad de Madrid y del resto de zonas que componen la metrópoli aunque quede fuera de los sus límites municipales. La forma en la que un municipio da sus permisos de construcción puede tener impactos muy relevantes sobre el conjunto metropolitano.

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