Puentes de palabras

Todos, incluso los menos interesados por la política, tenemos una ideología, es decir, un conjunto de ideas sobre el modo en que deben gestionarse los asuntos públicos. El ideario de cada uno es como los aluviones de un río: son los sedimentos que ha ido depositando nuestro vivir provenientes de una doble fuente, el propio yo y la circunstancia que va determinando nuestra existencia.

 

Por lo general, la mayoría tenemos una ideología de brocha gorda: no perfilada con finos trazos, sino a grandes rasgos. Razón por la cual suele ser poco firme y no demasiado combativa. Me expresaré mejor: en las pocas cuestiones esenciales la idea es clara y está firmemente asentada, pero en las accesorias los pensamientos son más difusos y cambiantes. Precisamente este “relativismo ideológico” de la generalidad de los gobernados es el que hace posible la alternancia en el poder y, consiguientemente, la  convivencia democrática.

 

Cuando la lucha por la conquista del poder político se radicaliza, los políticos -protagonistas profesionales de la contienda- suelen extremar sus posiciones y trasladan, a través de la escenificación mediática de la actividad política actual, una visión unidimensional y muy esquemática de la vida pública. Se tiende entonces a un pensamiento extremado, cerrado, sin ventanas abiertas para que entre el aire fresco del ideario ajeno.

 

Y es entonces cuando las ideas políticas tienden a convertirse en creencias. Se forma una doctrina que hay que creer en bloque, sin posibles disidencias, y en ese campo de cultivo crecen más los obedientes y que los críticos. El debate ideológico se empobrece notablemente, porque no hay pensamientos originales, ni confrontación de ideas, sino defensas cerriles de la doctrina oficial que se expande con las consignas o dogmas que proclaman los dirigentes.

 

Afortunadamente, la vida pública empobrecida no suele durar mucho. La gente que piensa acaba por reaccionar y, tras denunciar la decadente vida política, hace florecer un pensamiento crítico que pone al descubierto la miseria intelectual de los políticos profesionales.

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Puentes de Palabras © DIARIO ABC, S.L. 2013

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