Y Sánchez se bajó los pantalones…

Publicado por el Dec 21, 2018

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En el Diccionario de la RAE, “bajarse alguien los pantalones” significa “claudicar en condiciones humillantes”. Como nos temíamos muchos españoles, Sánchez, que no tiene la más mínima duda de que, para retener el poder, tiene que hacer todo lo que le impongan los independentistas, va y lo hace sin avergonzarse, aunque eso suponga bajarse los pantalones o, lo que es lo mismo, claudicar en condiciones humillantes.

En la entrada anterior de este blog, pedía a Pedro Sánchez que en su reunión con Torra preservara la dignidad política de la Nación. Y como era de esperar, lejos de hacerlo, nos humilló a los españoles que acatamos la Constitución y las Leyes, vendiéndose a Torra y a los independentistas catalanes por un puñado de votos.

En efecto, Torra forzó a Sánchez a convertir un encuentro entre el presidente del Gobierno de la Nación y el presidente de una Entidad Territorial del Estado en una cumbre entre “iguales”. Y por si ésta no fuera de por sí una claudicación humillante, Torra obtuvo del “vende-patrias” Sánchez, según informan dos diarios digitales, la convocatoria de un referéndum no vinculante con participación exclusiva de los catalanes, así como el doble compromiso de abordar “la desfranquización” del Estado y de aislar a la extrema derecha”.

Como quiera que cada uno de nosotros no es sólo como se cree que es, sino también y en gran medida como lo ven los demás, Pedro Sánchez ya no engaña a nadie. Se lo está pasando genial en la Moncloa, con la aquiescencia de muchos de su partido que prefieren la nómina en mano que las que pudieran venir volando, y está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a pasar por la vergüenza de bajarse los pantalones ante un golpista, con tal de estirar todo lo que puede sus días de “vino y rosas” al frente del Gobierno.

Por eso, si a la bajada de pantalones tiene que llamarle diálogo, lo hace. Y sin sonrojarse, porque sabe que la derecha muerde poco y se cansa pronto de hacerlo: lo de su tesis ya está en el olvido, y los irregularidades de muchos de sus ministros están más que disculpadas porque, al ser de izquierdas, las hicieron no en beneficio propio, sino del pueblo.

Pero yo de Torra no estaría del todo confiado, ni me creería las promesas de tan inconstante y mudable ciudadano, como Sánchez. Aunque ya puesto a maliciar hasta puedo llegar a pensar que Torra lo sabe y se lo espera. Y es que como entre pillos anda el juego, no me extrañaría que uno y otro hubieran representado una comedia de enredo en la que los dos protagonistas, a sabiendas, se comprometen a hacer lo que saben que no pueden y que, por tanto, no van a hacer. Y todo ello para entretener al personal y que uno siga disfrutando de las prebendas de la Moncloa y el otro paseándose como líder de la inexistente república de Cataluña. En cualquier caso, los españoles de bien no nos merecemos lo que está pasando, por eso pienso que el pueblo no tardará en señalar a los responsables de tanto desatino.

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