Un enorme talento atrapado en un ser humano

Publicado por el Oct 15, 2018

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Ayer nos ha dejado Eduardo Arroyo, una persona dotada de un  talento tan extraordinario que desbordaba los límites de su propio cuerpo. Tenía tal capacidad creativa que su imaginación era un volcán que generaba  constantemente en su mente ideas de forma plásticas que luego ejecutaba con una excepcional maestría volcándolas en obras  de la pintura y de la escultura. Fue uno de los grandes, uno de esos seres multidisciplinares que dejan la impronta de su personalidad en todo lo que hacen, que en su caso fue en el campo del arte y en el de la literatura.

Yo tuve el privilegio, pienso sinceramente que inmerecido, de haber contado con su afecto. Nos conocimos gracias al fútbol y en numerosas ocasiones he gozado de su siempre enriquecedora conversación. Y es que desde la primera vez que hablé con él (recuerdo que de pintura) hasta la última (antes del verano), no dejé de aprender, porque era de esos escasos seres humanos de los que se aprende incluso en las situaciones más triviales.

Cuando tuve un poco de confianza con él, me atreví a pedirle que me ilustrara una recopilación de cuentos que publiqué en 2006, titulado “Las nubes pueden ser gemelas” y me hizo una serie de dibujos cada uno de los cuales resumía perfectamente el relato narrado. Como su generosidad conmigo no tenía límites, en el acto de presentación de mi primera novela “La niña de gris” (2009) afirmó que me ilustraría todas las obras literarias que publicara. Y así fue. Cada vez que nos encontrábamos, hablábamos de las obras en las que estábamos trabajando, y cuando yo le contaba la trama de la novela que estaba escribiendo ya me adelantaba el motivo de su ilustración. Al terminar cada novela, le enviaba el original y al poco tiempo me entregaba en mano la portada que, como había sucedido desde el principio, suponía un lujo artístico que enriquecía mi obra de ficción.

La sensación que tengo es que me he quedado huérfano del amparo que me proporcionaba alguien que tenía un enorme talento que yo sumaba a mis obras para enriquecerlas. En esta entrada, inserto las portadas de dos de mis novelas, que seguramente muchos de mis lectores no conocerán. La primera es de “Sombras de Ningurán” que trata de dos hermanos gemelos que separan al nacer porque uno de ellos es robado y entregado a una familia rica de Santiago de Compostela: el rostro dividido en dos medias caras con ligeras pero apreciables diferencias resume magistralmente el contenido de la novela. Y la segunda es una cabeza de caballo bellísima que ilustra la novela “El campo de Bucéfalo”. Creo que en este caso se hace evidente que “dos imágenes” valen más que mil palabras. Adiós amigo.

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