Si Sánchez pretende limpiar la corrupción tendría que empezar por sí mismo

Publicado por el Oct 11, 2018

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En una rueda de prensa celebrada en la residencia del embajador español ante la ONU, que tuvo lugar durante su reciente escapada por el continente americano, Pedro Sánchez declaró: “este Gobierno no tiene hipotecas y tiene un mandato claro que es el de limpiar la corrupción. No vamos a aceptar chantajes. Hemos venido a limpiar y vamos a limpiar”.

Hay un proverbio español que dice “La buena lavandera, su camisa la primera. Lo cual aplicado al afán limpiador de la corrupción que Sánchez dice asignarse como tarea, debería llevarlo a ser el primero en restregarse con un potente detergente y después frotar a algún miembro de su gobierno.

Y es que Don Limpio Sánchez, cuando iba de predicador de las virtudes del político honrado, daba lecciones de conducta a los demás y se presentaba como un adalid de la probidad y rectitud. Pero ya entonces no se aplicaba el proverbio: se auto calificaba como un buen lavador de la camisa ajena, pero no de la suya que en aquel momento ya la tenía muy sucia.

En efecto, como escribí en este blog, en la entrada del 13 de septiembre, Sánchez en la pasada moción de censura contra Rajoy calificó como acto de corrupción el hecho de plagiar una tesis y aplaudió, como acto debido consiguiente, la dimisión inmediata del plagiador (véase el pasaje de su último discurso entre el minuto 8,15 y 8,30). Pues bien, Don Limpio tuvo el cinismo y la desfachatez de hacer esta declaración cuando él mismo ya era un plagiador descarado del fruto intelectual de otros.

Si fuera cierto, que no lo es, que el pueblo español le dio un mandato de limpiar la corrupción ¿por qué no lava primero su camisa? ¿Cómo tiene la cara dura de decir que el gobierno no tiene hipotecas si está al frente un corrupto plagiador y una parte de sus ministros han cometido diversas corruptelas?

Y es que el presidente, que tiene que ser el primero en lavar su camisa, deberá invitar también a la orgía del baño con espuma limpiadora a algunos del mal llamado “gobierno bonito”, del que poco a poco se van conociendo episodios de corrupción (además de los dos ministros ya dimitidos, están en los medios el caso de la ministra bocazas y con malas compañías, el de la sociedad interpuesta del astronauta, el de las omisiones en la declaración del patrimonio de la portavoz, y el del sancionado por usar información privilegiada).

Una parte del gobierno, con el presidente al frente, está tan rodeada de suciedad, que si la limpieza bien entendida –como dice el refrán respecto de la caridad-, empezara por uno mismo, todos ellos, en lugar de echar las culpas de su propia mugre a la “derecha”, deberían aparcar su auto-arrogada superioridad moral y dedicarse a lavar la cochambre de las corruptelas en las que están sumergidos.

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