No es posible que un desacreditado como Sánchez pueda prestigiar el Senado

Publicado por el Oct 10, 2018

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Aunque sea tenerlo por una personal con capacidades ordinarias, no tengo ninguna duda de que Pedro Sánchez es plenamente consciente de la mayor parte de lo que hace. Por lo cual, estoy seguro de que sabe perfectamente que, aunque ha presentada y defendido una memoria doctoral, no ha obtenido ni ética ni lícitamente el grado de doctor. Pero para alguien como él, que ha vivido permanentemente en el atajo, el fin justifica los medios, por lo que llegado con absoluta indignidad a la Moncloa va a tratar de permanecer ahí todo el tiempo que pueda.

No voy a decir que le resbale, porque es un “yoyoista” megalómano, pero estoy seguro de que pagará encantado el precio por seguir siendo presidente del Gobierno de España, aunque tenga que desdecirse, aguantar carros y carretas, y hasta creer que los españoles somos idiotas y que nos tragamos sus estupideces.

Viene lo que antecede a cuento porque Pedro Sánchez, tras haber accedido a comparecer ante la Cámara Alta para dar explicaciones su falsaria tesis doctoral, se desdijo ayer argumentado que no acudirá a una institución, como el Senado porque quiere “prestigiar las instituciones”.

A su infantil y cínico modo de ver, el Senado se prestigia si su comparecencia es para debatir sobre política territorial, pero se desacredita si acude a él para debatir con los representantes del pueblo español (el Senado forma parte de las Corte Generales y éstas representan al pueblo español según el artículo 66 de la CE) sobre su descarada y vergonzante burla a la Universidad Española en la obtención del título de doctor.

Una vez más, Pedro Sánchez trata de engañarnos, por dos razones. La primera es que, como se recordará, el martes 19 de junio de este año, respondiendo a una pregunta de Maria del Mar del Pino Julios sobre el compromiso del nuevo Ejecutivo con la agenda canaria, el entonces recién nombrado presidente reconoció que su Gobierno no iba a poder «renovar» el sistema de financiación autonómico en los dos años que restan de legislatura. O sea, que si la distribución territorial del Estado no puede ser modificada salvo que lo sea reformando la Constitución y el sistema de financiación autonómica no puede tocarlo en el tiempo que el quede de legislatura, ¿a qué quiere ir Pedro Sánchez al Senado? ¿A marear la perdiz enfatizando lo obvio y haciendo un discurso de autocomplacencia y de reproches a los demás? ¿Es esa una manera de prestigiar el Senado o, por el contrario, de tomarles el pelo a los senadores irles con las pamemas de Sánchez que solo se tragan los estómagos agradecidos que han vuelto a “tocar” nómina oficial?

El segundo engaño es sostener que si va a hablar de su tesis (?) desprestigia al Senado. Es verdad que los menos avisados pueden pensar que, si se va a debatir a la Cámara Alta sobre una tesis doctoral chapucera y plagada de embustes e irregularidades, las palabras allí pronunciadas provocarán desprestigio. Pero la cuestión no es que el debate en sí cause desprestigio, sino sobre quién recae el descrédito. Y, en este caso, y en contra de lo que nos quiere hacer creer Sánchez, el demérito no recaerá sobre el Senado como institución en la que tiene lugar el debate, sino sobre el tramposo que aceptó el título de doctor si merecerlo y que aún no ha tenido el decoro de renunciar a él.

Y es que al pueblo español que está representado en el Senado le interesa saber si el presidente del Gobierno español es o no un tahúr que practica el “trile doctoral”. Por lo que se ha ido conociendo hasta ahora parece que lo es. Por eso, no es posible que el desacreditado Sánchez pueda prestigiar el Senado como no sea dando la cara, admitiendo allí que es un tramposo, renunciando al inmerecido título de doctor que ostenta, y dimitiendo por tener una viga en su ojo y dedicarse con acritud a reprochar la paja en el ojo ajeno.

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