Es tiempo de Ramiros

Publicado por el Sep 22, 2018

Compartir

En el diario La Voz de Galicia de hoy, se publica una noticia de la Galicia mágica. Una orensana crió a un cerdo desde pequeño con los cuidados propios de un perro, y hoy Ramiro, que así se llama el animal, y ya es adulto, al decir de su dueña se “cree un perro”. Concha Rodríguez dice, además, que tiene que sacarlo fuera de la casa a orinar porque si no lo pasea es capaz de aguantar hasta hincharse.

Algo de esto le pasa a algunos políticos que se acaban creyendo lo que no son. Nuestra Constitución califica a los Diputados y Senadores como representantes del pueblo español, lo cual significa, entre otras cosas, que en su condición de parlamentarios no defienden sus propios intereses, sino los de los ciudadanos a los que representan. Esto es lo que son nuestros diputados y senadores, y precisamente por ser representantes del pueblo español, además de gozar de inviolabilidad y de inmunidad, perciben la asignación económica que fijan las propias Cámaras Legislativas.

Sin embargo, hay parlamentarios que creen ser algo distinto de lo que son, como nuestro Ramiro, porque, en lugar de sentirse representantes del pueblo y defender los intereses de éste, piensan que se representan a sí mismos y que protegen sus intereses particulares. Esto es lo que explica que actúen en ocasiones con tanta incoherencia.

En efecto, la segunda acepción del Diccionario de la RAE de la palabra coherencia es “actitud lógica y consecuente con los principios que se procesan”. Pues bien, cada día asistimos atónitos al espectáculo de políticos que defienden una cosa y la contraria, según convenga a sus propios intereses, que no a los del pueblo al que representan. Por ejemplo, si los focos mediáticos se proyectan sobre un político de un partido adversario, pongamos por ejemplo a Pablo Casado, y se empieza a crear, ensanchar y manipular una sombra de sospecha sobre un máster de que figura en su curriculum vitae, la actitud de los políticos contrarios es implacable, de una dureza extrema, y no cejan de vocear que debe dimitir.

En cambio, si el afectado es un presidente-marioneta, al que conviene por todos los medios mantener en el poder, pero no porque sea ese el interés general, sino porque les permite seguir sacando tajada particular, entonces, una actuación que es mucho más grave desde todos los puntos de vista, como es plagiar una tesis doctoral, no solo no es censurada, sino que o es disculpada, o se minimiza sus trascendencia.

La veracidad de lo que antecede es algo que no puede discutirse porque se ve cada día a poco que se siga la política española. Lo cual permite afirmar que estamos en tiempos de  personas que se creen algo distinto de lo que son, como el cerdo orensano Ramiro: en lugar de representar y defender los intereses de los ciudadanos, se consideran dueños de sus escaños. Por eso, actúan con total incoherencia y ven la paja en el ojo ajeno (sospechas infundadas sobre un máster de Pablo Casado, como acaba de sostener el fiscal del Tribunal Supremo) y no la viga en el ojo del amiguete (el flagrante plagio de su tesis doctoral por parte del deshonesto Pedro Sánchez), el cual es, además, manejable porque está con el agua al cuello.

¿No les parece que si un presidente del Gobierno, que perteneciera al PP, hiciera lo mismo que Pedro Sánchez, las peticiones de dimisión o de convocatoria anticipada de elecciones no dejarían de oírse por doquier hasta convertirse en un ruido ensordecedor?

 

 

 

Compartir

ABC.es

Puentes de Palabras © DIARIO ABC, S.L. 2018

Todos, incluso los menos interesados por la política, tenemos una ideología, es decir, un conjunto de ideas sobre el modo en que deben gestionarse los asuntos públicos. El ideario de cada uno es como los aluviones de un río: Más sobre «Puentes de Palabras»

Categorías
Etiquetas