No es cuestión que pueda arreglarse, ni de 300 o 500 palabras sin entrecomillar

Publicado por el Sep 20, 2018

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Podrán creerme o no, pero cuando salió la primera noticia sobre el plagio de la tesis doctoral de Pedro Sánchez pensé que el asunto no había hecho más que empezar. Y es que quien, en lugar de crear una obra original basándose en su esfuerzo y creatividad, lo que hace es plagiar la de otro, revela algo más que copiar la obra ajena: denota una actitud ante la vida que conlleva, entre otras cosas, vivir mientras pueda en el engaño y la mentira

En el goteo diario de noticias sobre el alcance del plagio de Pedro Sánchez, que publican ABC y Ok diario, se acaba de conocer, en este caso gracias al diario El País, que en el libro en que desembocó la tesis, se copió también, y sin entrecomillar, parte de una conferencia que dictó un diplomático en la Universidad Camilo José Cela. Al ser preguntado por esta nueva revelación de su irresistible vocación a copiar lo ajeno sin revelar tal circunstancia, Pedro Sánchez declaró “es un fallo que será subsanado”. Y Adriana Lastra, que es portavoz del Grupo socialista en el Congreso, con la osadía que da la ignorancia, afirmó ante los periodistas en los pasillos de la Cámara: “¿300 palabras o 500 palabras que no llevan comillas es un plagio? ¡Anda, por favor!”.

Sorprende que Pedro Sánchez, que se las daba de paladín de la honradez e integridad, fustigando sin parar la corrupción ajena, y que exigía las máximas responsabilidades, al menos políticas, a los corruptos, crea que una actividad copiadora de lo ajeno es simplemente un fallo que se puede arreglar. ¿Es fallo ahora que lo han descubierto? Y, si no lo llegaran a advertir, ¿habría denunciado el propio Sánchez el plagio y se habría apresurado a arreglarlo? Me temo que no: porque de ser así cuando lo interpeló Albert Rivera en el Congreso, Sánchez habría destapado en su totalidad el plagio.

Y qué decir de Adriana Lastra, poco más que es una persona sin formación que lleva toda su vida viviendo de la política y que, aunque sea con la mayor de las ignorancias, tiene que defender el jefe. Tal vez habría que reseñar su atrevimiento al decirnos a los demás copiar 300 o 500 sin entrecomillar un texto ajeno no es plagio porque lo dijo Adriana (Adriana dixit).

La palabra plagio significa, según el diccionario de la RAE, “acción y efecto de plagiar”. Y por plagiar se entiende “copiar en lo sustancial obras ajenas dándolas como propias” (1ª acepción).

De esta significación se pueden extraer los rasgos de la personalidad de quien se enfrenta con la producción de una obra de la ciencia económica, que es el caso que ahora nos interesa. La actitud del investigador plagiador es, cuando sea necesario, copiar obras ajenas. Pero no para revelar ante la generalidad la procedencia ajena, cosa que se hace entrecomillando y citando el autor y la obra reproducida, sino para engañar a la comunidad científica haciendo pasar como propia parte de una obra ajena.

Por eso, decía al principio que ser plagiador revela vivir en el engaño científico que no se puede arreglar cuando te descubren, sino en todo caso antes, y que no se reduce a un simple recuento de más o menos palabras plagiadas: el plagiador es un mentiroso que vive en la indignidad de apropiarse de lo ajen para sí, al menos mientras no sea descubierto.

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