El deshonesto doctor Sánchez se aferra al poder como una lapa

Publicado por el Sep 19, 2018

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El diccionario de la RAE define la lapa como un “molusco gasterópodo, de concha cónica con abertura oblonga, lisa o con estrías, que vive asido fuertemente a las rocas de las costas, y del que existen varias especies”. Seguramente, todos los que se han subido en alguna ocasión a las rocas que hay en nuestro litoral las habrán visto concierte frecuencia. Y creo no equivocarme demasiado si digo que lo que más les habrá llamado la atención es la intensidad con la que están adosadas a las rocas. Lo cual hace pensar en que no quieren ser separadas de su trono (las rocas) bajo ningún concepto.

Desde que apareció en la política nacional, Pedro Sánchez demostró una ambición sin límites en su carrera hacia la presidencia del Gobierno hasta que, por fin, consiguió su objetivo. Por tanto, no debe extrañar que, una vez que lo logró, se aferre al cargo tan fuertemente que se resiste por todos los medios a abandonarlo.

En el reproducido concepto de lapa, además de la característica la fuerte sujeción a la roca, se habla de que existen varias especies. Pues bien, si existiera –que probablemente no será así- una lapa cuyo rasgo esencial fuera el del máximo asimiento a las rocas, Sánchez pertenecería sin duda a esta especie.

Con la que le está cayendo con  lo del doctorado, conviene recordar que el gran argumento de Sánchez para justificar la moción de censura que lo aupó a la presidencia del gobierno fue el de que había que “regenerar” la política española porque el PP y Mariano Rajoy estaban corrompidos y urgía un cambio: que llegara él. Todos recordarán las intervenciones parlamentarias de Sánchez en las que se revestía de la pureza de los incorruptibles y zahería a todos aquellos políticos de la oposición que tuvieran la más mínima mácula e incluso sobre los que recayera la más mínima sombre de sospecha.

Adviértase que cuando el señor Sánchez, desde su posición de Secretario del PSOE, se las daba de “puro de la Habana” ya ha cometido el fraude de obtener deshonestamente su grado de doctor presentando una memoria doctoral que no es original, sino que es un descarado plagio. Es decir, no es que Sánchez fuera honesto cuando llegó a la política y que se corrompiese después cuando ya era presidente del gobierno.  No. Insisto, cuando él hablaba desde la tribuna del Congreso o en los mítines reclamando limpieza en su actuación a los demás, ya era un corrupto que había obtenido el grado de doctor haciendo gala de una deshonestidad  intelectual vergonzosa.

Sánchez seguramente creyó que con todo el aparato del Estado a su favor podría minimizar los impactos en su imagen de tan reprochable conducta. Pero se ha equivocado rotundamente, porque ha olvidado que si hay algún principio que ha entronizado el pueblo español en nuestros días es el de la transparencia de los servidores públicos. Y ya no tolera que ningún político, que es un representante del pueblo español, engañe a los demás, sea obteniendo fraudulentamente el título de doctor, sea utilizando un avión oficial para ir a un espectáculo musical.

Pero no esperen de Sánchez sea coherente y que dimita o convoque elecciones, a pesar de que está en una situación política mucho peor que la que le servía para censurar severamente a sus adversarios políticos. La razón de ello es que Sánchez es un lapa que se ha asido fuertemente a la roca del poder y que ha repartido juego a las lapas colindantes.

Pues bien, así como a Sánchez no le ha sido posible paralizar con toda la fuerza del poder el escándalo de su fraudulento doctorado, me temo que de la misma manera su “lapismo” va a afectar muy negativamente a su imagen política y, lo que tal vez sea peor, a la del partido político que lidera. El tiempo lo dirá.

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