¿Construcción nacional de Cataluña? ¡No!, que quede impune la corrupción del 3%

Publicado por el Aug 20, 2018

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En un esclarecedor artículo, titulado “¿Hay que salvar al catalanismo?”, Francesc de Carreras señala, en lo que ahora interesa, que fue Jordi Pujol el que emprendió la vía de lo que se ha llamado “la construcción nacional” de Cataluña. Según el profesor de Carreras, el pujolismo viene dedicando, desde septiembre de 2012, todos sus esfuerzos para ejecutar lo diseñado en el documento “La estrategia de la recatalanización”, publicado en el Periódico de Cataluña del 28 de octubre de 1990. Estrategia que consiste en utilizar la vía autonómica catalanista transversal del Estatut como paso previo para construir una nueva nación identitaria: la república independiente de Cataluña.

Estoy de acuerdo, pero voy a añadir que para mí la verdadera intención de Jordi Pujol al abrir la vía de la “reconstrucción nacional” no fue tanto extremar el nacionalismo para obtener el rédito simplemente político de la nueva república de Cataluña, cuanto tener a su alcance un instrumento de presión política organizado como medio de defensa para mantener a salvo el inmenso patrimonio personal conseguido con las mordidas del 3%. Para sostener mi afirmación, me baso en lo siguiente.

Estudió medicina, pero nunca vivió de esa profesión, porque, según se dice en su biografía, “no le llenaba”, cosa que sí hacían, en cambio, ocupaciones tan vocacionales como ser gerente en los Laboratorios Martín Cuatrecasas y vicepresidente de Banca Catalana. Cuando entró de lleno en política, no se alistó en un partido político existente, sino que fundó uno propio: el Pacte Democràtic per Catalunya. Con lo cual, mantenía el control absoluto de la formación a través de la cual iba a dedicarse a la política. De ahí pasó a liderar la coalición Convergencia i Unió (CiU) con la que llegó a la presidencia de la Generalidad en la que estuvo desde el 8 de mayo de 1980 hasta el 20 de diciembre de 2003. Fase durante la cual se hizo famosa la mordida del 3% que llegó incluso a ser mencionada por Pascual Maragall en el Parlament de Cataluña.

Jordi Pujol mantuvo la presidencia de Convergencia Democrática de Cataluña hasta 2012, en que pasó a ocupar un puesto honorífico. Y fue en 2014, cuando seguramente a raíz de un “chivatazo”, salió a reconocer públicamente que tenía fondos personales en paraísos fiscales.

A partir de entonces, sus “peones” Mas, Puigdemont y Torra, iniciaron y continúan una estrategia de presión al Estado hasta el punto de provocar una ruptura constitucional con el fin de poder pactar “vuelta a la senda autonomista a cambio de impunidad judicial”. Es muy posible que Jordi Pujol, que vio claramente que para enriquecerse era mejor vía la política que la medicina, decidiera participar también en el festín de la corrupción que estaba bastante generalizado entre los políticos que estaban a su alrededor. Pero organizado de tal modo que, para no volver a ocupar una postura tan frágil como la que sufrió en el escándalo de Banca Catalana (en el que ya sostuvo que era un ataque a Cataluña), tenía que procurarse bazas suficientes para intentar, en caso de que fuera necesario, un jaque-mate al Estado democrático.

Y en esto estamos. En las virulentas relaciones entre el Estado central y la Generalitat, no hay más que una estrategia de hostigamiento por parte de Jordi Pujol y sus peones para salir indemnes, él y su familia, de las consecuencias judiciales de haberse apropiado indebidamente de fondos que deberían haber ido a parar al erario publico catalán. ¡Una verdadera lección de amor a Cataluña, la nueva nación identitaria que hay que reconstruir!

Lo que parece haber olvidado Jordi Pujol, como muchos otros que desprecian la democrática separación de poderes, es que cuando un asunto se judicializa y llega hasta el punto en el que se encuentra el suyo es muy difícil, aunque no imposible, archivarlo o conseguir que caiga en el olvido.

 

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