Insultos a Ciudadanos y libertad de expresión

Publicado por el Aug 16, 2018

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He tardado un poco en subir este artículo al blog porque estuve dudando sobre si el autor de las palabras que voy a comentar merece darle un poco de notoriedad al dedicarle un comentario. Pero ha pesado más en mí salir al paso de sus afirmaciones que dejarlas pasar por alto para no sacarlo de la oscuridad en la que habita.

La cuestión es la siguiente. El pasado 10 de agosto Ramón Cotarelo escribió en su cuenta de Twitter “las bandas fascistas a las ordenes de Ciudadanos están compuestas por delincuentes habituales probablemente pagadas por el propio partido. La ilegalización de Ciudadano es un asunto de salud democrática”. A muchos de ustedes seguramente apenas les dirá algo el nombre de Ramón Cotarelo, ya que se trata de un oscuro y polémico catedrático de ciencia política que debe su escasa fama a declaraciones tan extravagantes como las reproducidas y, sobre todo, al hecho de haber sido profesor y guía ideológico de los líderes de Podemos, Monedero, Iglesias y Errejón.

La simple lectura del reseñado twitter revela que es difícil proferir tantos insultos en tan poco espacio. Cotarelo sostiene, nada más y nada menos, que Ciudadanos tiene a sus órdenes bandas fascistas, que están compuestas por delincuentes habituales, que están pagadas por el partido y que hay que ilegalizarlos por razones de salud democrática.

Ante esta retahíla de despropósitos habrá quien piense que Cotarelo puede expresarse así porque está amparado por la libertad de expresión. Y ello porque los partidos políticos deben estar sometidos al control y a la crítica pública; y porque no admitir este tipo de críticas afectaría a la libertad de expresión que persigue la formación de una «opinión plural, informada y formada».

Comparto totalmente la opinión de que quienes sostienen que los partidos políticos en la medida en que son un instrumento fundamental para la participación política tienen el deber de comportarse con la más exquisita ejemplaridad, lo cual implica que estén sometidos al nivel más alto de crítica. Y coincido también en la importancia fundamental que tiene la libertad de expresión en una sociedad democrática.

Pero si entramos en la valoración de las frases de Cotarelo, discrepo de los que piensen que suponen una crítica amparada por la libertad de expresión. A mi parecer, son verdaderas ofensas que no contribuyen a la creación de una opinión pública libre, informada y formada.

En mi opinión, ha pasado tiempo suficiente desde la promulgación de la Constitución para que pueda hacerse un balance más equilibrado y justo entre la libertad de expresión y sus límites, representados por los derechos al honor, a la intimidad, a la propia imagen. Con esto no se quiere decir que haya que restringir la libertad de expresión, sino que hay que precisar bien las fronteras que no puede rebasar. A cuyo efecto hay que valorar las opiniones difundidas, su contribución real a la formación de una opinión plural, informada e instruida, y la posible lesión que causa la difusión pública de las expresiones en los derechos fundamentales de la personalidad del sujeto aludido.

Y es que las opiniones del profesor Cotarelo se referían a todo un partido sin ningún tipo de precisión o de matización respecto de tal o cual integrante del partido. Este grave defecto, unido a varios insultos, como hablar de banda de fascistas, calificarlos como delincuentes habituales, decir que los paga el partido y pedir su ilegalización por razones de salud democrática, impiden comprobar su grado de veracidad.

Mi raciocinio me impide calificar esas expresiones como críticas fundadas que suponen un control democrático de un partido político. Por el contrario, creo que estamos ante verdaderos insultos que difícilmente pueden contribuir a modelar una opinión libre, formada e informada. Tales agravios, juicios de valor globalmente descalificadores, lesionan el derecho al honor de cualquiera, y por supuesto el de Ciudadanos, que tiene que ser preservado al mismo nivel que el de los demás partidos. Y es que no cabe confundir estar expuesto al más alto nivel de crítica con tener que soportar insultos.

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