La desigualdad de trato mediático entre la derecha y la izquierda

Publicado por el Aug 9, 2018

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No creo equivocarme si digo que la sociedad actual ha situado el principio de igualdad en el centro de sus aspiraciones. Es verdad que en nuestra Constitución de 1978 dicho principio ha sido recogido como uno de los derechos fundamentales, al establecer su artículo 14 que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero una cosa es “positivizar” constitucionalmente la igualdad de trato entendida como “no discriminación”, y otra muy distinta conseguir que en la realidad desaparezcan por completo todos los supuestos en los que existe una discriminación por cualquiera de las razones reseñadas en el mencionado precepto constitucional.

Por otro lado, nuestro artículo 20 de la Constitución recoge también otros dos derechos fundamentales que son el de expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción; y el de comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

La igualdad ante la Ley y la libertad de expresión y de comunicación, aun perteneciendo a la categoría de los derechos fundamentales, persiguen de algún modo fines antitéticos: el del artículo 14 preceptúa que hay que igualar lo desigual, mientras que las libertades del artículo 20 lo que protegen es lo diverso y específico en el ámbito del pensamiento y de la comunicación.

Pues bien, aunque pudiera parecer lo contrario, en los regímenes democráticos son perfectamente compatibles el principio de igualdad y las libertades de expresión y de comunicación. Hasta tal punto que el que exista una sociedad en la que predominen unos pensamientos sobre otros no solo no vulnera el principio de igualdad, sino que es lo democráticamente deseable ya que a lo que se aspira es a que la opinión pública sea plural, lo que implica diversidad de pensamiento.

Sentado lo anterior, convendrán conmigo en que hoy las televisiones existentes en España, políticamente hablando, están más alineadas con lo que podría denominarse simplificadamente la “ideología de izquierda” que con la “ideología de derecha”. Lo cual puede explicar que no se trate de igual manera un mismo problema sufrido por dos políticos de distinto signo. Y creo no faltar a la verdad si digo que se han oído más voces desde la derecha que desde la izquierda quejándose de la desigualdad de trato.

De la que las televisiones sean “políticamente” de izquierda es responsable la propia derecha que sorprendentemente mientras estaba en el poder no solo no organizó una política de medios favorable a sus tesis, sino que se los entregó –¿a cambio de qué?- a la izquierda. Esto es lo que explica que la información televisiva, que todavía hoy predomina sobre la de las redes sociales, trate con severidad todo lo relacionado con la derecha mientras que es indulgente cuando hechos similares afectan a la izquierda.

En las redes sociales, en las que existe aparentemente neutralidad ya que reflejan el sentir de los “rednautas”, es el mejor manejo de ellas por la izquierda lo que explica la desigualdad de trato a favor de ésta.

En efecto, la información en las redes está sometida a un intenso proceso de condensación «conceptual» del mensaje. Lo cual se debe no tanto a una supuesta vagancia intelectual de las generaciones actuales, cuanto a los propios costes de los sistemas modernos de transmisión de la información.

Y es que resulta evidente que cuanto más se resume la información mayor es la cantidad que puede ser difundida y, ante tanta información, la selección depende entonces del interés del mensaje, cosa que se logra, por lo general, tras someterlo a un proceso de «simplificación» de naturaleza fundamentalmente ideológica.

En ocasiones, es tal la reducción que sufre el mensaje, que llega a convertirse en una especie de consigna: una «opinión condensada», que se debe acatar sin más. Pues bien, cuando se trata de un mensaje político también en esto la izquierda se maneja mucho mejor que la derecha. No es necesario poner ejemplos, pero la izquierda consigue “viralizar” la crítica a un comportamiento de un político de derechas (dudas sobre un máster) que es mucho menos grave que otro de un político de izquierdas (condena judicial por apropiarse de un trabajo de un alumno) que lograr pasar más inadvertido.

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