Las fortalezas de Torra son las debilidades de Sánchez

Publicado por el Jul 8, 2018

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Mañana tendrá lugar en la Moncloa la esperada, por excesivamente publicitada, entrevista entre Pedro Sánchez y Joaquim Torra que, según la propaganda oficial, alumbrará una nueva etapa (?): la del diálogo entre el Gobierno de la Nación y el presidente de la Generalidad. El primero de ellos ha llegado recientemente al cargo como consecuencia de una moción de censura en la que fueron absolutamente imprescindibles los votos del segundo. Y éste llega al encuentro sin haber cedido, al menos verbalmente, un ápice en la defensa de la independencia unilateral de Cataluña.

Las actitudes que han dejado traslucir los dos implicados parecen revelar una mayor sensación de fortaleza en el que tiene menos poder. Así, a la posición displicente y sumamente exigente del presidente de la Generalitat se contrapone una postura transigente del Gobierno. Y frente a la exigencia de un referéndum de autodeterminación que manifiestan los sediciosos, el Gobierno reitera su voluntad de seguir dialogando con aquellos y anuncia, en una especie de globo sonda, que retirará ciertos recursos del Tribunal Constitucional.

Si tuviéramos que valorar las posiciones de las partes negociadoras por las armas que blanden públicamente, tal y como hacen algunos animales ante de enzarzarse en la pelea, habría que considerar ganador a Torra. Y es que Sánchez muestra tal necesidad de contar con los votos de los independentistas que tal deseo se convierte en debilidad, y genera la apariencia de que va a ceder lo que sea porque lo que le interesa es seguir como sea en el Gobierno. Es tal la actitud cortejadora que tiene el Gobierno con los independentistas que es lógico que produzca en ellos engreimiento. Por eso, se comprende que otros protagonistas hayan salido a la escena política para animar al cortejado a que desdeñe al pretendiente y lo obligue a convocar elecciones generales.

Y es que mostrar debilidad no parece la mejor actitud para iniciar los tratos que deben desembocar en el pacto. La sensación de endeblez inherente en la propia necesidad de alcanzar el acto por uno de los negociadores produce en el otro el consiguiente aumento de su arrogancia. Y desde esta posición altanera que se deja alcanzar al contrario, es mucho más difícil llegar a un acuerdo que no consista en otorgarle todo lo que previamente había exigido. Dejar al otro negociador que públicamente se crezca en exceso es un inconveniente añadido pero inevitable ya que es consecuencia de la vía pactista oblicua, torcida y con contraprestaciones que siguió Sánchez para convertirse en presidente del Gobierno.

 

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