Y la jauría se desmandó

Publicado por el Jun 14, 2018

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La palabra jauría tiene en el diccionario de la RAE dos significados: “conjunto de perros mandados por el mismo perrero que levanta la caza en una montería” y “conjunto de quienes persiguen con saña a una persona o grupo”.

En su comparecencia de hoy, el “visto y no visto” ex ministro de cultura y deporte, Maxim Huerta, utilizó esa palabra en su segunda acepción para justificar su dimisión. Afirmó que se iba porque no podía soportar la jauría que se había lanzado contra él, aunque en el fondo a quien de verdad perseguía ese “conjunto de personas” que lo acechaban con saña era a Pedro Sánchez y a su nuevo gobierno.

No deja de sorprenderme la extraordinaria habilidad que tiene la izquierda para alterar a su favor el curso de los acontecimientos. Así, cuando son ellos los que persiguen con saña a alguien, no es ya que no se hable de jauría, es que acaban convenciendo al pueblo de que el perseguido lo merecía. En cambio, cuando son ellos los que sufren el acoso mediático generalizado reprochándoles un conducta incívica o ilícita, entonces no es el pueblo el que pide justicia, sino que es la jauría de la oposición la que tiene la extraña ocurrencia de pedir igualdad de trato.

De lo que no parece haberse dado cuenta la izquierda es que cuando entrenas a una jauría para perseguir con saña las piezas que se desean cazar, ésta le suele acabar cogiendo gusto al lance y entonces puede desmandarse. Así sucede cuando están todavía muy recientes las proclamas de honradez de los que vagaban por la oposición y lograron el golpe de fortuna hacerse con el gobierno tras el éxito de una moción de censura.

En este clima generalizado de repugnancia impostada ante los actos más nimios de corrupción, no puede extrañar que aquellos a los que les enseñaron a escandalizarse por máster regalados o por hurtos de un par de botes de cremas, no afilen ahora sus dientes para perseguir con saña a una persona declarada en dos sentencias firmes defraudador de hacienda.

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