Gobernar es algo más que propagar

Publicado por el Jun 9, 2018

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La tercera acepción gramatical de “propagar” es “extender, dilatar o aumentar algo”. Y de esta palabra se deriva “propaganda”, cuyo primer significado es “acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores”. Pues bien, si tuviera que evaluar las acciones de gobierno durante los cuarenta años que he vivido en democracia, podría concluir, sin temor a equivocarme, que el PSOE ha gobernado y, además, propagado bien su acción de gobierno, mientras que el PP lo ha hecho sin apenas propagar o propagándola mal.

Seguramente, habrá muchas explicaciones para justificar esta diferencia entre ambos partidos en la acción de propagar, pero cualquier persona medianamente objetiva tiene que incluir entre ellas la existencia de una predisposición de los medios a favor de la izquierda para “comprar sus mensajes”. O dicho de otro modo, la izquierda se atreve, y lo medios se lo consienten, a “aumentar” las bondades de su acción de gobierno. La derecha, en cambio, es más autocrítica y pudorosa, y los medios tal vez más críticos y exigentes. Es lo que tal vez se explica con la expresión “la superioridad moral de la izquierda”.

Viene todo esto a cuento porque el PSOE lo ha vuelto a hacer otra vez. Tras la reunión de su primer Consejo de Gobierno (me resisto a hablar de “Consejo de ministros y ministras”), ha comparecido ante la prensa aprovechando para vender humo, en lugar de detallar sus inexistentes primeras medidas de gobierno.

En efecto, ante la imposibilidad de reseñar las supuestas inaplazables medidas que había tomado el gobierno para empezar a enderezar el “catastrófico” rumbo que llevaba el gobierno del PP, la nueva portavoz del Gobierno “vendió” cuatro ideas: vuelta a las instituciones europeas, apuesta por el diálogo, implantación efectiva de la igualdad de género a nivel de gobierno, y normalización institucional del país. Veamos que había de todo ello.

Lo de la vuelta a las instituciones europeas es, como señala en su Astrolabio Bieto Rubido, irritante, un “insulto a la inteligencia”. Con mucha anterioridad a la moción de censura, España estaba adecuadamente representada por personas de ambos partidos en las instituciones europeas (Velenciano y Guindos, por poner solo dos ejemplos). Decir, pues, que con el nuevo gobierno volvemos es una verdadera mamarrachada.

La apuesta por el diálogo será cierta según lo que se entienda por “dialogar”. Si por diálogo se entiende “plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos” (1ª acepción), puede que el PSOE pueda dialogar con los secesionistas catalanes: ambos se dirán lo que ya sabe cada uno de la postura del otro sin mayor interés que dar a conocer sus pensamientos. Pero si tomamos  la tercera acepción de esta palabra “discusión o trato en busca de avenencia”, tengo para mí que o cambia uno de ellos de postura o será imposible llegar a trato o acuerdo alguno, mientras los secesionistas quieran seguir con la república catalana y los socialistas aplicando la Constitución.

Nada tengo que decir sobre el impulso hacia la igualdad de genero, salvo que ese hecho por si sólo no es sinónimo de mejora o mayor eficiencia en la acción de gobierno. Y es que si fuera una verdad dogmática que cualquier mujer gobierna mejor que cualquier hombre, lo lógico sería haber formado un gobierno totalmente integrado por mujeres. En todo caso, si hay superioridad femenina en la composición del Consejo de Gobierno es –y esto si que es digno de alabanza- porque las ministras elegidas le parecían al presidente más adecuadas que los hombres que había disponibles en el PSOE.

Y, finalmente, lo de la normalización institucional es uno de los mantras de la izquierda: si están ellos en el poder sobreviene la normalidad, pero si está la derecha nos sumimos en un estado inevitable de “crispación”. Como si, por ejemplo, Irene Montero (antes del chalet) o Rufián fueran “balsas de aceite”.

Se dirá que era el primer consejo de gobierno y que no dio tiempo para nada más. De acuerdo, pero entonces lo mejor hubiera sido limitarse a contar lo que se acordó, evitando las divagaciones propagandísticas, o callarse.  Pero así como el PP no sabe no vender lo bueno, el PSOE ensalza la nada.

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