Tienen secuestrada la Generalitat

Publicado por el May 11, 2018

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Hay realidades difíciles de entender para quien no navega por la procelosa ciénaga del independentismo catalán. Adviértase, en efecto, que este movimiento se ha dedicado durante los últimos ocho años a planificar y ejecutar el proceso de declaración unilateral de independencia que desembocaría en la constitución de la República Independiente de Cataluña; ha hecho dos “farsa-referéndums” para tratar de dejar constancia de la voluntad de la población a favor de la independencia; y ha provocado la aplicación del artículo 155 de la Constitución con la consiguiente celebración de unas nuevas elecciones autonómicas en las que el partido político más votado fue Ciudadanos.

Pues bien, tras las indicadas elecciones tres formaciones políticas independentistas (JuntsxCat, ERC y la CUP) tienen la mayoría aritmética de los escaños del Parlamento catalán, lo cual les ha hecho creerse dueños absolutos de la Generalitat y, en consecuencia, con el derecho a hacer lo que quieran.

Y así, han utilizado esa mayoría aritmética para repartirse los cargos de la Generalitat, nombrando, primero y en el turno de ERC, un presidente del Parlamento, Torrent, que es un activista del independentismo, el cual, lejos de ser el presidente de todos los ciudadanos representados en esa Cámara, lo viene siendo solo de la facción independentista a la que sirve con mayor fidelidad que la de los perritos falderos.

Siguiendo con el turno del reparto de cargos, al “filibustero” (según la RAE “hombre que trabaja por el emancipación de las que fueron provincias ultramarinas de España”) autonómico Puigdemont, como líder de JuntsxCat, le correspondía proponer al candidato para presidir el Gobierno de la Generalitat. Y tras marear la perdiz durante más de cuatro meses, acaba de designar un testaferro, de nombre Quim Torra, para que actúe (no que gobierne) en su nombre como “presidente de paja” de la Generalidad.

Si todo resulta como es de esperar, este mediocre ciudadano se convertirá en presidente del consejo de gobierno de la Comunidad Autónoma de Cataluña, con funciones ejecutivas y administrativas, le corresponderá la dirección del citado consejo y –lo cual resulta en este caso bochornoso- la representación ordinaria del Estado español en Cataluña.

¿Qué cabe esperar de este último movimiento del “filibustero” autonómico? Pues nada. O al menos, nada sensato. El muñeco de guiñol Terra, cuyos hilos moverá el filibustero autonómico, seguirá dejando en un completo abandono la gestión de los asuntos ordinarios de la Generalidad y se dedicará, al igual que todos sus compañeros de quimera, a enredar, a poner palos en las ruedas de la normalidad política, porque con el consentimiento de una parte del pueblo de Cataluña los independentistas tienen secuestrada la Generalitat para prolongar hasta cuándo puedan los efectos del fracasado golpe de Estado jurídico que han intentado.

Hasta ahora los tribunales, sede donde ha acabado por residenciarse el problema, les han hecho ver que los votos no son suficientes para hacerse con la “propiedad” de una autonomía y declararla independiente. Es absolutamente necesario llegar el poder observando escrupulosamente la Constitución y las leyes. Pero como esto les resulta imposible,  los independentistas han decidido secuestrar la Generalitat. Ante esta grave anomalía, urge amparar a la población que aspira a que vuelva a reinar la convivencia democrática dentro de la Constitución y las leyes, haciendo que impere la ley como expresión de la voluntad del conjunto del pueblo español.

Y hay que ampararlos convencidos de que los independentistas son una plaga de gandules, unos presentes y otros fugados, que se están sirven de la política no para gestionar los intereses de la ciudadanía de Cataluña, sino para vivir “de moco” y a costa del erario público con el cuento de que van a conseguir que Cataluña se independice de España

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