El independentista valiente

Publicado por el Apr 17, 2018

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Como sabrán los sufridos ciudadanos que siguen el curso judicial de la causa contra los independentistas catalanes –incluidos los que no deseándolo no pueden evitar oír el ruido diario que hacen en los medios de comunicación-, el magistrado Llarena los está citando para comunicarles uno a uno las razones de su procesamiento. En una de estas comparecencias, concretamente en la de Jordi Sánchez, éste en un acto de valentía que parece haber recobrado tras el aparente respaldo del tribunal de Schleswig-Holstein, le espetó al citado magistrado –dicen ellos- mirándole a los ojos, desafiante: “no se puede ser juez y víctima”.

El valeroso líder independentista se refería, al parecer, a un pasaje del auto de procesamiento en el que Llarena emplea la primera persona del plural “sufrimos”, incluyéndose –alega el mencionado Jordi- como parte del Estado de Derecho. No sé si será porque de tanto hablar catalán están olivando el castellano, pero lo cierto es que la expresión utilizada por el magistrado Llarena fue impecable, jurídicamente hablando.

Y es que el magistrado Llarena en las resoluciones judiciales –en este caso el Auto de procesamiento de Jordi Sánchez- no habla a título personal, sino en su condición de integrante del poder judicial que, como dispone el artículo 117 de la Constitución, administra en nombre del Rey la justicia que emana del pueblo. Por eso, ante una acción delictiva vulneradora del orden constitucional que pretendía cambiar ilícita e ilegítimamente no solo la jefatura del Estado, sino también la forma misma del Estado, para una parte que se declaraba unilateralmente separada de España, el magistrado Llarena al dictar su resolución hablaba, no a título personal, sino en nombre del pueblo español, cuya voluntad se plasma en la Constitución y las leyes, y en el del Rey, en cuyo nombre se administra la justicia, razón por la cual utilizó rectamente el plural.

Por si lo que antecede no fuera poco, el citado artículo 117 de la Constitución dispone que los jueces y magistrados son, entre otras cosas, independientes, responsables y sometidos al imperio de la ley. Por eso, si de verdad considera el ciudadano Sánchez que el magistrado Llarena no es imparcial, la solución no es decírselo desafiante mirándole a los ojos, sino utilizar los mecanismos que establece la propia ley: las vías de la recusación y de los recursos.

No sabemos si el valeroso y retador ocular Sánchez utilizará estas vías, pero me temo que no, porque llegados al punto sin destino en el que están, a los independentistas lo único que les queda es teatralizar el pataleo de la rabieta por el fallido “procés”.

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