Discrepo de las opiniones políticas del entrenador Guardiola

Publicado por el Apr 1, 2018

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Pep Guardiola es un ciudadano español nacido en Cataluña que goza de notoriedad gracias a su exitoso desempeño, primero como futbolista de élite y, desde que se retiró hasta hoy, como entrador. En otros ámbitos de su vida, es como la mayoría de nosotros: habita en el olvido de los que somos del montón. Con esto quiero decir que, si exceptuamos el mundo del fútbol, no se le conoce ninguna aportación remarcable en la ciencia, en las artes, en la literatura, ni tampoco en la política.

Haciendo uso de sus legítimas libertades constitucionales de pensamiento y de expresión ha optado por hacerse independentista, no se ha escondido a la hora de hacer público su ideario político y ha aprovechado su notoriedad futbolística para apoyar la independencia de Cataluña. De todos es conocida su aparición en las ruedes de prensa con el lazo amarillo de apoyo a los líderes independentistas encarcelados.

En la misma línea de servir de altavoz al independentismo, acaba de declarar que es una “gran injusticia que se compare al independentismo catalán con ETA y la “kale borroka”. Disiento, por lo que diré a continuación, de esta opinión del ciudadano Guardiola.

Lo primero que debe señalarse es que sus declaraciones sobre política tienen repercusión, no porque sea un brillante pensador o tratadista de esta materia, sino porque es un conocido ex futbolista y actualmente entrenador de uno de los grandes equipos de fútbol. Tal vez por ello, sus declaraciones sobre política han sido valoradas de dos maneras radicalmente diferentes: los que están a favor y los que han reaccionado con ira criticando, entre otras cosas, que en su etapa de jugador formase parte de la Selección española.

Las opiniones de cada uno de nosotros tienen valor en el ámbito en el que destacamos y mucho menos en aquellos otros en los que somos simples ciudadanos del montón. Como dijo W. Somerset Maugham, refiriéndose al arte de la novela: “el novelista no tiene por qué ser más que novelista. Con eso basta si es un buen novelista”. Y añade: “No tiene por qué comerse un cordero entero para saber a qué sabe la carne de lechal; le basta con tomarse una chuleta. Después, aplicando su imaginación y su facultad creadora a la chuleta que ha degustado, puede ofrecernos una idea bastante atinada de cómo es el cordero guisado al estilo irlandés; pero cuando de eso pasa a sacar a colación sus ideas sobre las crías de las ovejas, la industria lanera y la situación política en Australia, lo más prudente es aceptarlas con reservas”.

Lo mismo puede decirse de Guardiola. Es un hombre del fútbol, que no es poco, y en ese ámbito su crédito se agota en lo que es: cuando habla de política es como cualquiera de nosotros, y sus opiniones no deben recibir suplemento alguno de credibilidad por el hecho de destacar en la élite del fútbol.

Por eso, discrepo de su opinión reseñada más arriba. A mi juicio, se compara con acierto a los independentistas catalanes con ETA porque ambos, aunque cada uno con una estrategia diferente, intentaron imponer ilegalmente al resto de España la segregación ilícita de una parte de su territorio. Es verdad que ETA utilizó lucha armada asesinando a más ochocientas personas, cosa que no han hecho los independentistas. Pero también lo es que aquélla y éstos perseguían lo mismo: sustraer de la soberanía del conjunto de los españoles la decisión sobre la indisoluble unidad de España que proclama nuestra Constitución.

Y en cuanto a lo de la kale borroka, no hay más que ver lo que está sucediendo estos días con los grupos independentistas violentos para ver que en esto las estrategias de ambos movimientos son coincidentes: hay violencia callejera de baja intensidad.

Por eso, así como no me atrevería a discutir con el futbolista-entrenador una cuestión que tenga que ver con este maravilloso deporte, si rebatiré, si es oportuno, cada opinión política en la que estemos en desacuerdo. Y lo haré sin ira, ni acritud, y sin emplear otra cosa que argumentos.

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