Lo echaron, volvió, los laminó, pero lo pondrán en su sitio

Publicado por el Feb 19, 2018

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Cualquier lector medianamente atento advertirá que el título de esta entrada hace referencia a las peripecias de Pedro Sánchez en el PSOE. Fue elegido en elecciones primarias como Secretario General del PSOE frente a Eduardo Madina. En aquel momento, yo no tenía ninguna referencia de Sánchez y alguna más de Madina, del que me había hablado elogiosamente José Luis Rodríguez Zapatero, hasta el punto de que lo consideraba un candidato con muchas posibilidades para llegar a ser Secretario General del Partido.

No puedo explicar la razón, pero cuando ganó Pedro Sánchez sentí cierto alivio. Por entonces recuerdo que, sin tener ningún dato que lo corroborara, me parecía que Pedro Sánchez era más sensato o, por mejor decir, menos radical que Eduardo Madina.

El tiempo demostró que yo estaba completamente equivocado. En su primera etapa al frente de la Secretaria General del PSOE tuvo una actuación desconcertante. Sus primeros resultados electorales fueron decepcionantes, y cuando se esperaba que dimitiera al igual que sus antecesores que habían obtenido malos resultados, no solo no lo hizo, sino que se empecinó en el imposible de ser investido presidente del Gobierno.

La segunda vez que lo intentó obtuvo incluso peores resultados y, tras llevar al país al borde del bloqueo, fue obligado a dimitir por el Comité Federal del partido que puso al frente una gestora, la cual convocó elecciones primarias a la Secretaria General.

Habrá muchas razones que expliquen su reelección, pero entre ellas tiene que estar la de que los militantes ven siempre en las elecciones primarias una posibilidad, dentro del profesionalizado mundo de la estructura de los partidos, de que poder sustituir a los que tienen el control del partido. Contra pronóstico ganó frente a la “oficialista” Susana Díaz, lo cual le permitió volver a la Secretaría General del Partido Socialista.

En esta nueva etapa, hay que reconocer que ha estado menos presente en los medios, aunque sus intervenciones siguieron en la misma línea contradictoria de siempre. Más de una vez he escrito que debido a su ansiedad por ganar votos defiende una cosa y la contraria, en función del auditorio que lo escuche.

Todo parece indicar que empleó la mayor parte de su tiempo en buscar la manera de laminar a los que pudieran volver a forzarlo a dimitir. Y anteayer se consumó su venganza: el Comité Federal entregó el control total del Partido al Secretario General y a los militantes de base. Seguramente, el señor Sánchez pensó: si he ganado gracias a los militantes, la manera de perpetuarme en el cargo será darle más poder a los que me auparon a la Secretaria General y laminar al órgano que podía controlar mis desvaríos.

La pregunta es ¿qué pasará, si como parecen indicar las encuestas, Pedro Sánchez no logra mejorar sus decepcionantes resultados electorales? El Secretario General seguramente pensará que nada, que tiene controladas a las bases, y que no habrá nadie que le obligue a dejar el liderazgo del partido.

Es posible que las cosas transcurran como ha calculado Pedro Sánchez, pero yo no estaría muy seguro. Los partidos con vocación de gobierno, como es el PSOE, no se contentan con “rascar” poco poder y “sestear” electoralmente. Y es que los políticos profesionales persiguen la victoria no solo para poder llevar a cabo su proyecto político, sino también porque aquélla proporciona numerosos puestos de trabajo, que se difuminan, en cambio, si el partido sigue perdiendo elección tras elección.

Por eso, aunque anteayer se hayan callado algunos barones regionales, no hay que descartar que a Pedro Sánchez le suceda algo parecido a lo que le ocurrió al todopoderoso César: que unos nuevos Casio y Bruto decidan sacárselo de en medio porque con su “tiranía” impide la recuperación electoral del partido.

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