Imágenes en el recuerdo de los héroes sediciosos

Publicado por el Jan 21, 2018

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Durante la mañana de hoy, y tal vez porque doy por finalizado el pesadísimo y tedioso episodio del independentismo catalán, dediqué unos minutos a recordar las imágenes que había dejado en mi memoria este grave acontecimiento. Y no pude menos que esbozar algunas sonrisas.

Recordé a Artur Mas sonriente, saludando con la mano a los fieles seguidores que le aplaudían sin cesar, en pose de “Jefe de Estado” de la futura República Independiente de Cataluña, y reflejando en sus ojos entornados un grado de complacencia tan extremo que parecía levitar. También recordé sus primeras entradas en el edificio del Tribunal Supremo acompañado por sus acólitos que parecían haberle jurado lealtad eterna, al tiempo que era aplaudido por un grupo de exaltados callejeros.

Pero, a estas imágenes triunfales les siguieron otras en las que la sonrisa se había desvanecido, su rostro había adquirido un tono de severidad y se dirigía a su querido pueblo, que tanto lo había aclamado, pidiéndole limosna: el pequeño emperador, antes triunfante, les pedía la modesta contribución de un euro para ayudarle a pagar su fianza. Pero lo reunido no fue suficiente y tuvo que completar la fianza con un embargo sobre algún inmueble de su propiedad. ¡La caída de un dios menor!

Pocos minutos después pensé en Junqueras, al que todo el mundo consideraba el listo, y de cuya formación intelectual empecé a dudar tras ver un vídeo en el que Josep Borrell le pegaba un repaso monumental sobre las patrañas que estaban poniendo en circulación del España nos roba. Iba con su “excesiva” prestancia caminando por las calles de Barcelona hacía la sede del Parlament, aplaudido por los hooligans y moviendo ligeramente la cabeza en señal de aprobadora satisfacción.

Pero, como la imaginación nos juega a veces malas pasadas, me vino a la cabeza un Junqueras vestido con un traje de rayas horizontales, eso sí las blancas eran amarillas (color que les apasiona), y las otras negras, y estaba haciéndose la cama en un cuarto con una pequeña ventana con barrotes.

Y ¿qué decir de Puigdemont? Pues que sigue con la misma cara (no me refiero solo a su rostro físico) de siempre, viviendo como un rey, no se sabe muy bien de quién, aunque pienso que es del dinero que les precedió en su huida a paraísos extranjeros, y que aparece una y otra vez diciendo barrabasadas en un aquelarre de falabatería del país de nunca jamás.

Y, mientras tanto, Cataluña en un innegable declive económico y social, dañándose a sí misma ya al resto de España, por culpa de unos memos que, en lugar de dedicarse a la actividad para la que los escogieron y les pagamos, vienen jugando con algo tan delicado como son los sentimientos. Pero como dice el refrán “A cada cerdo le llega su San Martín” y algún día veremos qué cara pone el prófugo cuando le llegue el suyo.

¡Dura lex, sed lex!

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