La aporofobia

Publicado por el Dec 29, 2017

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No cabe duda de que “aporofobia” es una palabra aparentemente exitosa: no solo ha sido aceptada en el diccionario de la RAE, sino que ha sido elegida por “Fundéu BBVA” como “palabra del año”. En efecto, esta nueva palabra, que significa “fobia a las personas pobres o desfavorecidas”, ha sido considerada por la indicada Fundación, patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, y asesorada por la RAE, como una palabra que, más allá de que haya estado presente en mayor o menor medida en los medios, tiene interés desde el punto de vista lingüístico. Para que pueden valorar de lo que estoy hablando me permito recordarles las anteriores palabras “del año”: “escrache” (2013), “selfi” (2014), “refugiado” (2015), y “populismo” (2016).

No seré yo quien discuta los méritos de esta palabra para ostentar el citado galardón. Pero, no me resisto a señalar que posee un significado que, más allá de que refleje un sentimiento existente, alude a algo que debe alertarnos.

No lo digo porque piense que en la España de hoy esté muy extendida entre la ciudadanía esa fobia a las personas pobres o desfavorecidas. Espero, por el contrario, que sean muy pocos los españoles que sientan esa injusta e inmerecida fobia. Porque los pobres y desfavorecidos ya tienen bastante con serlo como para que todavía sean destinatarios de la aversión o el rechazo de otros seres humanos.

Si digo que la palabra “aporofobia” debe alertarnos es porque en los últimos años es indiscutible que en España aumentó de la pobreza, y, por consiguiente, creció el número de pobres. Razón por la cual los impresentables que no intenten corregir el inadmisible defecto de rechazar a los pobres tienen muchos más sujetos (indigentes) para aborrecer que nunca.

Para concluir debo señalar que la aporofobia es un vicio humano: lo sienten hombres con respecto a otros hombres. Hay otros seres vivos, como por ejemplo, los perros que, lejos de sentir cualquier rechazo por sus dueños por el solo hecho de ser pobres o desfavorecidos, no hacen más que darles todo su afecto.

Como escribí en este blog en el Post del 4 de junio de 2014 (titulado “Los perros y nosotros”) “el perro quiere y es fiel a su dueño, a pesar de que no tuvo ninguna posibilidad de elegirlo: es éste quien lo escogió a él. Pero ningún dueño podrá negar que una vez que el can lo consideró su amo, se entregó a él sin reserva alguna. Y es que al perro no le importa si su amo es rico o es pobre, si es guapo o es feo, si es alto, bajo o contrahecho, en fin, si vive en una gran mansión o es un sintecho. El can es feliz a su lado por el solo hecho de estar junto a él, y prescinde por completo de cómo le haya ido a su dueño en la vida. Y lo que todavía es más relevante, lo quiere para siempre, no deja de estar a su lado aunque le dé poco y mal de comer o le pegue”.

Por eso, estoy seguro de que si los perros tuvieran un diccionario de palabras que recogieran sus sentimientos no figuraría en él “aporofobia”.

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