Los sediciosos catalanes tiraron a la basura la última legislatura

Publicado por el Dec 20, 2017

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De todos es sabido que, en las democracias, los partidos políticos proponen a los ciudadanos los programas con los que gobernarán, en caso de ser elegidos, durante la correspondiente legislatura. Los programas consisten, por lo tanto, en una declaración previa de cada formación política respecto de lo que se compromete a hacer en caso de gobernar. Razón por la cual el contenido de los distintos programas consiste en propuestas concretas sobre el modo en que se van a gestionar los distintos aspectos de la vida ciudadana.

De acuerdo con este planteamiento, parece lógico esperar del partido que forme gobierno que se dedique intensamente a ejecutar actos a través de los cuales se vayan cumpliendo las distintas promesas hechas a los ciudadanos. De los partidos de la oposición, se espera, en cambio, una crítica positiva de las propuestas del partido en el Gobierno, lo cual implica el planteamiento de otras alternativas que supuestamente mejoran aquéllas. De lo que se acaba de decir se desprende que, si el Gobierno y la oposición se dedicaran a las tareas que tienen encomendadas, no solo tendrían que desplegar a un arduo y duro trabajo, sino que de su actuación se derivarían beneficios indiscutibles para todos los ciudadanos.

Pues bien, si analizamos lo que ha sucedido en la última legislatura en Cataluña, se comprueba que los partidos del “govern”, lejos de dedicarse a gestionar los asuntos públicos ordinarios (el ABC de ayer habla de un recorte de mil millones de euros en Sanidad en el ultimo lustro), centraron sus esfuerzos en transitar a través de un catastrófico “procés” hacia la independencia. Consecuentemente, la oposición, en lugar de hacer una crítica constructiva de una inexistente gestión ordinaria de los asuntos públicos, tuvo que oponerse al grave e inadmisible incumplimiento de la Constitución y el Estatut por parte del “govern”. Venimos, pues, de una legislatura fracasada en la medida en que los partidos en el gobierno y los de la oposición se dedicaron a actividades insólitas desviadas de sus verdaderas finalidades.

Por eso, no es exagerado afirmar que la actuación de los partidos catalanes en la presente legislatura parece haber deformado su actividad política genuina hasta convertirla en una especie de confrontación en la que, haciendo uso del símil futbolístico, el equipo del “govern” se presentaba a jugar en un terreno de juego que estaba fuera del Estadio de fútbol, mientras que el equipo de la oposición lo esperaba dentro del Estadio e insistía en que el partido tenía que jugarse necesariamente en aquel reciento. Y claro así era imposible que pudiera jugarse el partido.

Ante semejante desvarío, el árbitro (el gobierno de la Nación) decretó el final de aquel absurdo partido (aplicó el artículo 155 CE) y convocó a todas las formaciones políticas para jugar uno nuevo (las elecciones) con los dos nuevos equipos contendientes que salieran de las mismas. Pero, tal vez por las singularidades del caso, en estos días de campaña electoral no se habla de programas con propuestas referidas a la gestión de la vida diaria de los ciudadanos, sino de una pura lucha por el poder y, sobre todo, de posibles coaliciones de gobierno.

En cualquier caso, y como sufrido ciudadano -pero solo espectador de la contienda electoral catalana- afirmo que es un indisculpable desperdicio de energía democrática convertir la vida política de una región de España en una larga, tediosa, insoportable, ineficiente e inútil campaña electoral. Ojalá que los resultados del 21 D no conduzcan a tener que repetir las elecciones y a prolongar, en consecuencia, tan indeseable situación. Los ciudadanos merecemos otra cosa.

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