Pablo Iglesias no está en sus cabales

Publicado por el Dec 3, 2017

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Una de las características más sobresalientes del imperecedero personaje de Don Quijote de la Mancha es que tenía sustituida la razón por una enfermiza y desmesurada fantasía. De tal suerte que veía, como es de todos conocido, «hermosas doncellas» en quienes eran «mozas descarriadas», un «alcaide de una fortaleza» en quien era sólo un ventero, «unos desaforados gigantes» en simples molinos de viento y, en fin, «unos encantadores» en quienes no eran más que dos frailes de la Orden de San Benito. Y cuando su escudero, Sancho Panza, un labrador lleno de sabiduría popular, le avisaba de cuál era la cruda realidad, él solía contestarle que sabía poco en materia de aventuras.

Viene a cuento lo que antecede, para subrayar que unos mismos hechos pueden ser vistos de manera muy distinta, según se miren desde la ensoñación o el ensimismamiento, o desde el realismo. Pero, así como en lo individual, es apenas trascendente la óptica elegida: ser Quijote o Sancho sólo repercute en uno mismo, no sucede lo mismo cuando se cuidan intereses colectivos. En este caso, parece más aconsejable una visión de las cosas que sea muy ajustada a la realidad, y, por tanto, lo más alejada posible del «engañoso» ensimismamiento.

Pues bien, en la asamblea de la formación “Catalunya En Comú-Podem” celebrada recientemente en San Adrián de Besós, Pablo Iglesias ha hecho unas manifestaciones que hacen pensar que no está en sus cabales.

En efecto, el líder “Podemita” declaró que “en los últimos meses la política se ha basado en gritos y grandes palabras, pero ahora toca un tono diferente, de reflexión para hacer algo que en estos momentos es absolutamente revolucionario: decir la verdad”. Y añadió “en las elecciones del 21 de diciembre hay dos maneras de votar: un voto de venganza contra los independentistas o contra los anti-independentistas, o bien la opción modesta, que es el voto de la reconciliación, el voto a “Xavier Domènech”.

Y es que hace falta estar poseído de un ego desmesurado para poder atribuirse sin el más mínimo rubor no solo estar en posesión de la verdad, sino incluso hacerse portador del voto de la reconciliación. Porque por muy desmemoriado que se sea, Pablo Iglesias no puedo olvidar que, desde que ha comparecido en el Congreso, Podemos no ha hecho más que socavar con mentiras y exabruptos la reconciliación que con tanto esfuerzo logró el pueblo español durante la transición.

Por eso, no puede estar en sus cabales alguien que, siendo más mentiroso que el pastor de la fábula de Esopo, Pedro y el lobo, nos venga diciendo ahora que toca algo revolucionario que es decir la verdad. Será revolucionario para él y los podemitas que no ha dicho una verdad en su vida, pero no para el resto de los políticos que han tenido que lidiar con la realidad.

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