Reacciones políticas a la decisión de encarcelar a los sediciosos

Publicado por el Nov 4, 2017

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Como no podía ser de otro modo, la resolución de la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, por la que decretó el ingreso en prisión de Junqueras y ciertos miembros del “govern”, ha originado distintas reacciones en el ámbito político, que se pueden agrupar del siguiente modo.

En primer lugar, están los propios políticos encarcelados y sus seguidores independentistas. Los primeros, temiendo que su golpe de Estado los pudiera llevar a prisión, fueron previsores y dejaron sus opiniones para subirlas a las redes sociales sin apartarse un ápice del discurso sedicioso; y los segundos, como verdaderos hooligans del “procés”, siguen a pies juntillas la consigna de hablar de “presos políticos”, olvidando que, como dijo el Ministro de Justicia, son en realidad “políticos presos”.

Unos y otros, en un nuevo ejemplo del solipsismo del que hablaba en mí último Post, siguen reiterando que están en la cárcel por poner urnas para votar. Cuando lo cierto es que han subvertido dolosamente el orden constitucional, autoproclamando una república en una parte de España, cuya forma de Estado es una monarquía parlamentaria, fundamentada en la indisoluble unidad de la Nación española y en que la soberanía nacional residen en el conjunto del pueblo español. Lo malo es que todo eso lo han ignorado intencionadamente.

El segundo grupo está compuesto por los partidos políticos que han actuado como constitucionalistas, sin fisuras, el PP y Ciudadanos, los cuales, desde la perspectiva inequívocamente democrática y constitucional de un Estado de Derecho que se asienta en la división de poderes, respetan las decisiones del Poder Judicial que es quien ejercita la potestad jurisdiccional aplicando la justicia que emana del pueblo y se administra en nombre del Rey.

En el tercer grupo están aquellos políticos que o bien responden abandonando el partido en el que militan por la decisión de la citada magistrada de la Audiencia Nacional o bien tachan su resolución de desproporcionada. Esta reacción se ha dado en el Partido Socialista de Cataluña y merece dos comentarios. El primero es que refleja cierto grado de confusión en torno a la separación de poderes de nuestro Estado de Derecho. Y es que reaccionar abandonando el partido por una decisión de un juzgado o tribunal es no tener bien claro que en una democracia con separación de poderes no se puede “culpabilizar” al partido político por no haberle “impuesto” a la juzgadora otra decisión. El segundo comentario es que si no es proporcionada la medida de enviar a prisión provisional a cargos políticos que, habiendo prometido o jurado defender la Constitución, han dado un golpe de Estado, hay que preguntarse qué otro delito merece para ellos esta medida.

En el cuarto y grupo, están los populistas y antisistema, los cuales critican la decisión judicial y la “consideran: un gravísimo error político que lleva al autoritarismo” (Ada Colau), o dicen sentir vergüenza de que en su país se encarcele a opositores (Pablo Iglesias) o directamente deliran al afirmar que el Auto de la jueza coincide “justo con lo que pedían los neonazis” (Pablo Echenique)

Su postura es lógica. Estos movimientos no creen en la separación de poderes, porque son totalitarios que viven socavando la democracia: veneran la doctrina política del partido único al que se cede el control coactivo de todos los poderes bajo le égida de la ideología única oficial.

Conviene, sin embargo, recordarle a Ada Colau que si hubiera de verdad “autoritarismo” no podría expresarse con tanta libertad o de hacerlo tendría algún coste personal, lo cual en su caso es de todo punto descartable. Pablo Iglesias debería controlar mejor su vergüenza, porque sorprende que la tenga de su país porque han ido a la cárcel unos políticos que dieron un golpe de Estado y que, en cambio, carezca por completo de ella cuando el encarcelado es simplemente un político de la oposición –no un golpista- como ocurre con Leopoldo López en Venezuela. Finalmente, lo de Echenique no tiene un pase. Aunque los españoles somos muy tolerantes (desde luego mucho más que él), debería mantener la compostura y no insultar gratuitamente a los adversarios políticos que representan a una parte importante de la ciudadanía de un país que le ha dado una generosa acogida.

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