Junqueras y los encarcelados del “govern” padecen “solipsismo”

Publicado por el Nov 2, 2017

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Según el diccionario de la RAE “solipsismo” significa “forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo”. Lo cual implica la imposibilidad de conocer la realidad objetiva, en caso de que ésta fuera real, de manera consistente.

No se alarmen, queridos lectores, voy abandonar de inmediato esta perspectiva filosófica, ya que solo me he permitido recurrir a ella para destacar el radical grado de “subjetivismo” que padecen Junqueras y los demás sediciosos encarcelados que han obviado la realidad en la que vivían.

En efecto, un defecto de los sediciosos catalanes es que han vivido permanentemente en la sinécdoque, desconociendo la realidad. La sinécdoque, como ustedes saben, es una figura retórica caracterizada porque se aplica a un todo el nombre de una de sus partes, como por ejemplo, “cien cabezas por cien reses” o “el acero por la espada”. Pues bien, a poco que se preste atención a la manera en que se expresan los sediciosos catalanes, se comprobará que recurren constantemente a la sinécdoque: “son Cataluña” y hablan constantemente en su nombre.

Pera que se vea lo que quiero decir, el pasado 3 de septiembre la secretaria general de ERC Marta Rovira incurrió en una flagrante sinécdoque al decir “lo que haremos nosotros será obedecer el mandato que tenemos de la ciudadanía, obtenido democráticamente”, cuando es así que el respaldo con el que contaron no llegó al 38% de la ciudadanía.

Las figuras retóricas, como la sinécdoque o la metonimia, tienen sentido en el ámbito de la literatura en el que se pretende escribir de forma elegante y con corrección con el fin de deleitar, conmover o persuadir. En la política, en cambio, esta figura gramatical, cuando se usa con tanta reiteración como hacen los sediciosos, revela un grado de subjetivismo, un “pavorealismo”, una egolatría, y un desprecio hacia los demás que son incompatibles con un mínimo conocimiento de la realidad.

Seguramente por ese solipsismo en el que estaban instalados, se creyeron sus propios mentiras y que nunca acabarían en la cárcel. Y es que su manera de ver las cosas, radicalmente subjetiva -y si me lo permiten- infantil, les hacían estar tan alejados de la realidad que creían tener derecho de autodeterminación y que sustraer al conjunto del pueblo español la soberanía nacional no era infringir flagrantemente la Constitución y el Estatuto de Cataluña.

Otro desconocimiento manifiesto de la realidad es que jamás llegaron a creer que España es un Estado Social y democrático de Derecho con plena separación de poderes, ignorando asimismo que el ejercicio de la potestad jurisdiccional corresponde exclusivamente a los Juzgados y Tribunales.

Hace unos días los veíamos sonrientes, como si hubieran hecho una machada, cantando y arengando a la masa de los alcaldes secesionistas, que levantaban entusiasmados sus bastones de mando municipales. Ahora que ya ha empezado el baile de la justicia –de cuyo comienzo dudaban algunos lectores- me regodeo imaginando que dentro de unas horas cuando estén en sus celdas Oriol Junqueras y los otros miembros del “govern” se preguntarán cómo es que están allí con lo bien estudiado que tenían todo el “procés”. No creo que haya nadie en la cárcel que les diga que fue por un empacho de solipsismo.

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