Tenía que reventar el grano para que saliera todo el pus

Publicado por el Oct 28, 2017

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Sé que le va en el sueldo, pero, al tiempo que admiro a Mariano Rajoy, lo compadezco por dos razones. La primera es haber tenido que afrontar desde que es Presidente del Gobierno dos problemas de extrema gravedad: evitar la intervención de nuestra economía y hacer frente a la insurrección de los sediciosos catalanes. Y la segunda es, que en el inevitable clima de tensión que rodeó la acción de gobierno durante ambos acontecimientos, nuestro Presidente tuvo que soportar las críticas, los consejos, las impaciencias y hasta las vivas recomendaciones de todas las personas que quisieron hacérselos llega de una forma u otra, sin que él se los pidiera.

Lo que esta gente generosamente aconsejadora echa en el olvido es que solo nuestro presidente tiene la más completa información de todo lo que se estaba cocinando en los fogones del secesionismo catalán.

Por eso, Mariano Rajoy, en una nueva actuación de verdadero estadista, hizo las cosas a su debido tiempo y mesuradamente: control mínimo de la autonomía hasta las elecciones autonómicas en menos de dos meses. Pero dejó también que el grano infectado de la rebelión secesionista siguiese inflamándose hasta que reventara y saliera el asqueroso pus –y discúlpenme por utilizar esta imagen pero no encuentro otra más descriptiva-, al menos, con los dos siguientes objetivos.

El primero: que los catalanes de bien, que amando a Cataluña se sienten españoles, vieran hasta qué punto estaba infectada la herida del secesionismo: embustes, falsedades, tergiversaciones y todo para tapar la galopante corrupción de una parte de la clase política catalana.

Y el segundo: que los secesionistas de cualquier lugar sepan, de una vez por todas y para siempre, que esas aventuras que atentan contra la unidad de España no llevan a ninguna parte, solo generan frustración y melancolía, y acabarán, como se verá, teniendo una respuesta contundente por parte de los tribunales.

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