Ecos del farsaréndum

Publicado por el Oct 2, 2017

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Hoy, día 2 de octubre de 2017, colean lógicamente los ecos del farsaréndum y yo, que tengo el privilegio de disponer de un medio para difundir públicamente mi pensamiento, me siento en el deber de expresar cómo veo lo sucedido.

A la vista de todo lo que se está publicando, me ratifico en que ayer hubo un monumental farsaréndum. A todo lo que decía en mi último Post sobre la ausencia absoluta de garantías, me permito añadir ahora los numerosos testimonios que han salido en los medios de comunicación y los que circulan por la red de personas con la credibilidad que confiere la imparcialidad, como el “yo estuve allí y esto es lo que viví” escrito por la magistrada Olga Bautista Camarero y la carta que escribió a sus amigos internacionales la cineasta Isabel Coixet, que son reveladores de la gran mentira que están difundiendo los secesionistas.

Por eso, ME NIEGO A SER UNA VICTIMA MÁS DE LA MANIPULACION INFORMATIVA DE LOS SECESIONISTAS Y, POR TANTO, A TENER LA SENSACION de que a ellos les fue mejor que al resto de los españoles. También RECHAZO TAJANTEMENTE que hubieran ganado la batalla de la información. Me baso en lo siguiente.

Lo que no debemos confundir es la película que tenía montada cada uno en su mente de cómo se iba a impedir el farsaréndum y lo que realmente sucedió. Habrá muchos que confiaban en una actuación más enérgica del gobierno de la Nación, incluso desde hace mucho tiempo. Y no serán pocos los que crean que el gobierno fracasaba si no impedía absolutamente que alguien votase. A los que pensaran cualquiera de ambas cosas, no les falta razón. Pero mi reflexión me lleva a otras conclusiones.

Porque una cosa es comprobar que la película del farsaréndum no fue como la habíamos imaginado y otra muy diferente caer en el pesimismo de que los secesionistas han ganado la batalla de la información. La ganarán si no reflexionamos detenidamente sobre lo que sucedió.

Lo cual supone, en primer lugar, sentar los hechos que no admiten discusión. Primer hecho indiscutido: el farsaréndum no ha permitido saber, ni siquiera por aproximación, qué porcentaje de catalanes están a favor de la independencia. Por lo tanto, fue un instrumento inútil a los efectos de la secesión. Segundo hecho indiscutido: mientras esté en vigor la actual Constitución, no sería relevante ni siquiera que todos los catalanes hubieran votado a favor, porque lo que cuenta es la totalidad del pueblo español, en el que reside la soberanía nacional, única que existe. Y tercer hecho indiscutido: ayer hubo una traición manifiesta de una de las instituciones del Estado con la que se contaba para evitar el farsarendum, los Mossos d´Esquadra, y espero que no tardaremos en ver en la cárcel al Jefe de los Mostos. Pues bien, todos los hechos que anteceden impiden otorgar triunfo alguno a los tramposos secesionistas.

Y ahora vienen las valoraciones personales. Pienso que Mariano Rajoy pecó de ingenuidad al confiar en la lealtad de los Mossos. Lo cual me lleva a la conclusión de que para tratar con los tramposos hay que tener mucha más mala leche que ellos y combatirlos, no con la razón esperando que cumplan la ley, sino con la mayor dosis de maldad y desconfianza con la que uno pueda dotarse. Y es que no requiere las mismas cualidades sacarnos del precipicio de la intervención económica que impedir que un atajo de fanáticos intenten quebrar la unidad de España. Para esto último hace falta actuar poniéndose en la peor de las circunstancias imaginables y no pensar que todos van a ser leales y cumplir con su deber.

La duda que me queda es saber qué harían en su caso muchos de los que hablan, hablan y hablan de soluciones mágicas, pero sin detallarnos cuáles son. Y es que si al que tachan de no dialogar lo han traicionado de esta modo qué otra trapacería no le harían a los que les ofrecen parlamentar. Salvo que, claro está, que propongan solo el dialogo para llegar al poder y una vez allí, ya veremos.

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