La revolución secesionista a través de la desobediencia civil

Publicado por el Sep 15, 2017

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A medida que se acerca el 1 de octubre se empiezan a ver con nitidez las respectivas posiciones que están tomando los independentistas catalanes y los poderes del Estado de Derecho. Aunque algunos pudieran pensar que no llegarían tan lejos, lo cierto es que los soberanistas catalanes han aguantado hasta hoy las medidas que ha puesto en práctica el Estado español para impedir la celebración del referéndum de autodeterminación convocado por el Govern de Cataluña.

Si hiciéramos a día de hoy una fotografía de la realidad catalana, se podría afirmar que los independentistas están llevando a cabo una revolución por la vía de la desobediencia civil. Se trata de una revolución porque hay un levantamiento o sublevación de una parte de la población de Cataluña contra el orden constitucional. Y cabe hablar de desobediencia civil porque los cargos públicos secesionistas están resistiendo pacíficamente las exigencia o mandatos del poder establecido.

Las cartas están echadas y a día de hoy nadie puede asegurar que va a suceder. Se pueden hacer pronósticos y hasta cábalas, pero hasta el día dos de octubre en el que el presente se convierta en pasado nadie podrá afirmar qué ha sucedido.

Del lado de los independentistas, e incluso me atrevo a decir que del de los constitucionalistas, hay quienes piensan que la vía pacífica y el elevado número de los desobedientes son bazas suficientes para el triunfo de la revolución. Desde luego, es un argumento de peso que no debe ser despreciado.

Pero los que conocemos el Estado de Derecho y sabemos el enorme poder que otorga la propia Constitución a los órganos del Estado para que la defiendan, confiamos razonablemente en que habrá una repuesta adecuada contra esta revolución basada en la desobediencia civil. Solo si al Gobierno de la Nación le tiembla la mano, y no es capaz de responder como es debido a la desobediencia civil de una parte minoritaria de los catalanes, habrá incumplido no solo su deber de hacer cumplir la Constitución, sino que habrá defraudado hasta tal punto a la ciudadanía española que tendría que abandonar inmediatamente el Gobierno.

Y es que llegados a cierto punto, creo que es mejor y más legítimo democráticamente pasarse en la defensa de la Constitución y del Estado social y democrático de Derecho que instauró en 1978 contra los revolucionarios sediciosos que quedarse cortos y permitir un triunfo de los separatistas, aunque practiquen algo tan aparentemente inofensivo como la desobediencia civil. La magnitud del atentado de los soberanistas no está en la vía empleada, sino en la subversión del orden constitucional hurtando al pueblo español en su conjunto nada menos que la soberanía nacional.

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