Políticos sordos y de bla-bla-bla

Publicado por el Sep 4, 2017

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Todos ustedes saben qué significa “sordo” y, para los que les quede alguna duda sobre la expresión “bla-bla-bla”, en el diccionario de la RAE quiere decir “discurso vacío de contenido”. Los medios de comunicación en su peculiar manera de introducir los temas noticiosos han fijado el día de hoy como el comienzo del nuevo curso político. Y claro, al hacer recuento de los principales asuntos políticos pendientes, salió, como no podía ser de otro modo, el del desafío soberanista del gobierno de la Generalidad de Cataluña.

Pues bien, no sería sincero si no dijera que algunas de las intervenciones  de nuestros representantes políticos, además de equivocadas y cansinas por reiteradas, me parecieron vacías de contenido.

A estas alturas de la película sorprende que todavía haya políticos haciendo juegos malabares para distinguir en el anunciado incumplimiento de la Constitución por parte de los independentistas entre los aspectos jurídicos y los políticos de un hecho único como es la vulneración de la Constitución. Los expertos han dicho por activa y por pasiva que infringir nuestra Carta Magna es un hecho político y jurídico a la vez, y de la máxima significación. Por eso cuando oigo decir a algún político que ante el reto independentista, además de la respuesta de los tribunales, hay que hacer política, me pregunto si exigir el cumplimiento de la Constitución no es hacer política y modificar, como proponen, la Constitución no es un acto jurídico.

Esto es tan elemental que da la impresión de que los políticos son sordos, de que no escuchan y que no les interesa enterarse bien de los temas. Solo a lo suyo que es largarnos su bla-bla-bla o discursos vacíos que se parecen al vicio de los viejos predicadores al que aludía Ortega y Gasset. Este vicio consistía en que los predicadores se inventaban un maniqueo, ponían en su boca argumentos imaginarios erróneos pero fáciles de rebatir, y a continuación se regodeaban refutándolos.

En el momento en el que estamos, los ciudadanos del montón tenemos derecho a que cada formación política se pronuncie con toda claridad si está a favor o no de defender la Constitución el día uno de octubre. Y una vez que pase ese día y a la vista de lo que suceda, pero después –insisto- de haber estado unidos todos los constitucionalistas, ya será el momento en el que cada partido proponga a la ciudadanía lo que mejor le parezca. Es decir, primero, y hasta que pase el día uno de octubre, unidad sin fisuras en defensa de la Carta Magna que nos dimos todos en 1978; después los que quieran que hagan propuestas de reforma de la Constitución para que decida la ciudadanía si está o no de acuerdo con ellas. Los legítimos deseos de diferenciarse hay que dejarlos para cuando procedan, antes están hechos a destiempo y, lejos de reforzar, dividen las fuerzas de los defensores de la Constitución vigente.          

 

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