La amistad y la intimidad

Publicado por el Aug 5, 2017

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En su obra Arte de Prudencia, y bajo el título «Ni amar ni odiar eternamente», escribe Baltasar Gracián: «Cuenta con que los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana, y de los peores. No les des armas contra ti a las amistades pasajeras y momentáneas, pues las aprovecharán para hacerte mayor daño. Con los amigos, secreta prevención».

El autor reflexiona sobre dos sentimientos de signo contrario, el amor y el odio, de los que predica una misma cualidad: su falta de perdurabilidad. Pero por el reducido espacio al que debo sujetarme, voy a referirme únicamente al primero, agregando que aunque en el título se habla expresamente de amar, el comentario del autor se centra en la clase de amor que llamamos amistad.

Gracián hace notar que los amigos no lo son para siempre y que, a veces, la pérdida de la amistad no desemboca en simple indiferencia, sino que convierte al amigo en un enemigo de los más encarnizados. Partiendo de esta reflexión nos dice que a las amistades pasajeras y momentáneas no demos darles armas. No aclara a qué armas se refiere. Pero como añade seguidamente: «con los amigos, secreta prevención» parece que lo que aconseja es que no hagamos confidencias que luego puedan volverse contra nosotros. Y es que lo estados de euforia suelen abrir el corazón a quien no se debe y si después la amistad se convierte en enemistad se produce, entre otros efectos, que se rasgue el velo que tapaba la revelación secreta hecha al amigo y que se abra paso a la infidencia.

Por eso, comparto totalmente la opinión de Gracián: abrir a los demás lo sustancial de nuestro yo más íntimo es ponerse en sus manos. A veces, la atmósfera placentera de los momentos que pasamos con los amigos hace que bajemos la guardia y que dejemos al descubierto alguna zona espiritual de las más reservadas. Es cierto que son pocos los que pueden tener secretos inconfesables. Pero no es a ellos a lo que me refiero, sino a esos razonamientos ocultos que nos sirven para tomar nuestras decisiones. Si los revelamos, estamos dando a conocer el proceso mental que guía nuestras actuaciones y en cierto modo quedamos desarmados ante nuestros interlocutores. Si al amigo de hoy que se convierte en el enemigo del mañana le hemos abierto nuestra intimidad de par en par, no solo podrá contar aquello que debía mantener oculto, sino también adelantarse a nuestros movimientos por conocer nuestra forma de actuar.

Lo que acabo de decir lo refiero enteramente a las «amistades pasajeras y momentáneas», de las que habla Gracián. La duda es si debe ampliarse incluso a las amistades más íntimas. Es verdad que resulta sumamente improbable que tales amigos dejen de serlo y se conviertan en enemigos. Pero como hay algún caso de ruptura violenta entre amigos incondicionales, no está de más reservarse alguna zona espiritual de nuestro yo más íntimo para uno mismo.

 

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