A veces sucede lo que descartamos por parecernos imposible

Publicado por el Jul 31, 2017

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Mientras estaba en la sala de espera de un consultorio médico, una mujer venezolana de cierta edad le comentó a una paciente española que la situación actual de España le recordaba a la de Venezuela meses antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Y es que hoy los correligionarios españoles están intentando en nuestro país exacerbar, como hacía entonces el histriónico Comandante, el populismo para asaltar democráticamente las instituciones con el fin de hacerse con todos los poderes y convertir la Nación en una dictadura. Tarea ésta que en Venezuela prosigue en nuestros días más pintorescamente, pero con guante de hierro y sangre, su incapaz “heredero”, el autobusero Nicolás Maduro.Entonces nos parecía –añadió la alarmada venezolana- que era imposible que eso pudiera suceder, y ¡ya ve en lo que estamos!

En un almuerzo muy grato que tuve recientemente con mi primo Clemente Lastres y mi gran amigo el Embajador de España Francisco Vázquez, éste último me regaló una novela breve, escrita por Fred Uhlman, titulada “Reencuentro”. En ella, el autor describe muy acertadamente los efectos que produjo la irrupción del nazismo en la fraternal amistad que habían trabado dos jóvenes escolares, uno judío y el otro perteneciente a las más rancia nobleza alemana.

Reproduzco dos pasajes de la novela que revelan cómo veía uno de los protagonistas, el padre médico del joven judío, los primeros pasos que estaba dando el nazismo. Cuando un sionista le preguntó si no estaba preocupado por el ascenso de Hitler, el galeno respondió: “En absoluto. Conozco mi Alemania. Esta es una enfermedad temporal, algo parecida al sarampión, que pasará apenas mejore la situación económica” Y un poco más adelante agrega: “Para él, los nazis no eran más que una dermatitis en un cuerpo sano, y bastaría aplicar unas pocas inyecciones, dejar reposar al paciente y permitir que la naturaleza siguiera su curso”.

Todos sabemos lo que sucedió en la Alemania nazi (“la tragedia más espantosa de la historia del hombre”, en palabras del prologuista Arthur Koestler) y conocemos también lo que está pasando actualmente en Venezuela. Si enlazo ahora ambos acontecimientos, es para poner de manifiesto que respecto de ninguno de ellos se pensaba que la locura imposible que ambos parecían presagiar pudiera llegar a convertirse en realidad. La mayoría silenciosa creía, en efecto, que era imposible el ascenso democrático de ambos movimientos radicales e inicialmente minoritarios hasta convertirse en hegemónicos, pero sucedió.

No comparto del todo la preocupación de la ciudadana venezolana de que a España le puede llegar a suceder algo parecido a lo de su país. En nuestro caso, la pertenencia a la Unión Europea fulminaría de raíz cualquier hipotético proceso similar al “Chavismo”, al impedir cualquier medida que suprimiese la democrática separación de poderes (piénsese en Polonia). Ello claro está, salvo en el supuesto muy poco probable de que los “Chavistas” españoles tuvieran el suficiente poder como para sacarnos de la Unión Europea.

Ahora bien, tampoco creo que las dificultades por las que está pasando en estos momentos España, singularmente con el desafío soberanista del gobierno catalán y la irresponsable estrategia de “cuanto peor mejor” de los populismos, deban ser considerados “como un sarampión” o “una simple dermatitis en un cuerpo sano”. La situación es delicada en sí misma y más aún si se tiene en cuenta el comportamiento frívolo y electoralista de Pedro Sánchez, quien en su obsesivo deseo de diferenciarse de Mariano Rajoy y del PP (una psicosis que tal vez tendría que hacérsela mirar), prefiere coquetear con los separatistas (hablando por ejemplo de la España plurinacional) en lugar de hacer una verdadera política de Estado defendiendo sin ambages nuestra Constitución y las leyes.

Y es que, a veces –y los ejemplos de la Venezuela Chavista y la Alemania nazi lo confirman- llega a suceder lo que racionalmente descartamos por parecernos imposible.

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