Sánchez tira la toalla: solo piensa en la aritmética parlamentaria

Publicado por el Jul 16, 2017

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Hay cosas que por evidentes no hace falta decir. Por ejemplo, si alguien mide dos metros y quince centímetros no se necesita decir que es alto, se ve. O cuando en su espectáculo Bertín Osborne y Paco Arévalo decían que eran gemelos se sabía inmediatamente que era una broma, pues nadie que pudiera verlos y estuviera en su sano juicio podía creérselo.

Pero ¿qué dirían ustedes de alguien que se empeñara en reiterar con 2,15 que es alto? ¿Y qué pensarían si Arévalo insistiese demasiado en que es clavado a Bertín? No creo equivocarme demasiado si digo que en el primer caso la mayoría de ustedes sostendría que se reitera lo obvio y en el segundo que hay un gravísimo error de apreciación. En suma, que en ambos casos quien sostuviera las dos cosas padecería una incurable desorientación. Pues bien, esto es lo que le sucede a Pedro Sánchez.

En efecto, se empeña en defender que no se parece a Rajoy, lo cual, para su desgracia, es obvio. ¡Ya quisiera el candidato que viene del paro tener el currículum profesional y político del presidente del Gobierno! Y si lo que se refiere es a sus respectivas propuestas políticas tampoco hace falte que se esfuerce ni un ápice en hacernos ver que son distintas. La que la oposición al unísono tacha de política de recortes y letal para las clases menos acomodadas, resulta que es aquélla con la que el PP lleva muchos años siendo la fuerza preferida por los votantes. Esforzarse, por tanto, en diferenciarse de Mariano Rajoy y del PP resulta tan innecesario como insistir en hacernos ver que el que mide dos metros y quince centímetros es alto.

Pero Sánchez no solo enfatiza lo obvio, es que es tan ingenuo que creer que los catalanes van a tragar con que es “nacionalista”. Y este parece un empeño tan inútil como que la gente se crea que Bertín y Arévalo son gemelos idénticos. Los separatistas, señor Sánchez, no van a dejar de serlo porque el PSOE se comprometa a reformar la Constitución –compromiso incumplible sin el concurso del PP y los independentistas que no son idiotas lo saben- para dar cabida al sentimiento nacional de una parte de los catalanes, sin que se mejore la situación económica de Cataluña en perjuicio de las demás autonomías.

Estos pintorescos e infantiles esfuerzos del secretario general del PSOE parecen obedecer a una estrategia basada en ir “en busca del voto perdido”. Pero no para llegar a presidente del gobierno por la vía usual de ganar las elecciones convirtiéndose en el partido con más escaños. Esta es una vía que Sánchez sabe que es imposible. Lo que quiere es ir “pescando de aquí y de allá” para ver si reune el número de parlamentarios que le permitan obtener, con el conglomerado de las demás fuerzas representadas en el Congreso de los Diputados, una mayoría aritmética.

Sánchez se siente perdedor y se le nota, por lo que lo más probable es que los votantes acaben dándole definitivamente la espalda, haciendo que pierda incluso la vía oblicua de la posibilidad –que veo cada vez más remota- de la mayoría aritmética.

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