Galicia conmocionada por dos hechos espeluznantes

Publicado por el Jul 7, 2017

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En las páginas 10 y 11 de La Voz de Galicia de hoy, se informa de dos hechos sucedidos en Galicia: la sentencia que condena a prisión permanente revisable a un padre que asesinó a sus dos hijas de corta edad y que nadie reclamó el cuerpo de una mujer que falleció en su casa y permaneció en su domicilio durante siete años sin que nadie se enterara de su muerte.

De la primera noticia, me parecen de interés los siguientes aspectos. Lo que más llama la atención es que un padre pueda matar fríamente a sus dos hijas de corta edad. Nos parece increíble en un ámbito el de las relaciones entre padres e hijos en el que suele respirarse un gran amor.

Otro aspecto que me parece relevante es que no solemos ponernos en el lugar de las hijas asesinadas por su padre. Y es que por mucho que tratemos de ponernos en su lugar, es difícil que lleguemos a sentir la inmensa angustia que tuvieron que padecer. Quizás lo más duro para ellas fue aceptar no el hecho mismo de la muerte, sino que era su propio padre, una de las personas en las que más tenían que confiar, el que las estaba matando.

El tercer y último punto que interesa destacar es que fue tan irracional y salvajemente brutal la actuación del parricida con sus hijas de 4 y 9 años que al exponer en sus conclusiones el sobrecogedor el relato de los hechos el Fiscal de la causa no pudo continuar porque se pudo simplemente a llorar. El parricida se llama David Oubel.

La otra noticia se refiere a una mujer de 49 años que vivía con su madre en un inmueble de Culleredo. Al poco tiempo de fallecer su madre ella perdió también la vida y lo insólito del caso es que estuvo siete años tendida en el pasillo de su casa, sin que nadie advirtiera su muerte. Durante casi todo ese tiempo se siguió pagando el alquiler del piso porque estaba domiciliado en una entidad bancaria con fondos suficientes y su coche permaneció en el garaje cubierto de polvo.

Al redactar la noticia Alberto Mahía señala: “tremendamente reservada, María del Rosario ya no está, pero parece que nunca haya estado”. Se cuenta que estaba absolutamente sola en la vida: ni padres, ni hermanos, ni pareja, ni amistades. Nadie. Absolutamente nadie. Por eso, nadie reclamó su cuerpo y es el Ayuntamiento el que tiene que hacerse cargo de sus exequias.

Quiero creer que tuvo que sentir, al menos, el amor de su madre. Y pienso también que a lo mejor fue tan intenso que no necesito el de ningún otro ser humano. Pero cuando le doy vueltas a su extrema soledad, me vienen a la cabeza las palabras de Santa Teresa “vivo sin vivir en mi”. Porque tal vez esos siete años vivió por no morir y tuvo que tener una vida tan hacia el interior que casi vivió sin vivir en ella misma.

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