Tres palabras paralizantes

Publicado por el Jul 4, 2017

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Está muy extendida la opinión de que la derecha maneja con muy poco acierto la comunicación y que en los medios sociales tiene perdida la batalla con la izquierda, especialmente con los radicales, que ponen las palabras al servicio de su causa con el descaro de los que desprecian la verdad.

Viene esto a cuento porque los radicales y los guardianes de lo políticamente correcto suelen servirse de tres palabras que lanzan como dardos insultantes para paralizar a los acobardados de la perezosa mayoría silenciosa.

Me refiero a “fascista”, “franquista” y “conservador”. Son expresiones que aquellos manejan indistintamente para neutralizar, primero, cualquier idea del adversario y para llevar, después, la discusión al terreno del insulto en lugar del lugar argumental en el que estaba porque allí perdía el insultador. Y es que la derecha nunca suele enfangarse en el terreno de los insultos llamándoles por ejemplo “comunistas”, “bolcheviques” o “anarquistas”. Tal vez porque aquéllos han logrado que estos improperios gocen de más prestigio que aquellos tres insultos.

Aplicada a alguien la palabra “fascista” puede significar, bien partidario del fascismo, bien persona excesivamente autoritaria. Ser excesivamente autoritario es soportable, lo que verdaderamente soporta mal el insultado es la primera acepción, ya que el fascismo tiene un sentido histórico muy peyorativo.

Algo parecido se puede decir de la palabra “franquista”, aunque ésta tiene que ver principalmente con una especie de añoranza del régimen instaurado por Franco en el que no existía democracia.

Finalmente, cuando se atribuye a alguien la condición de conservador se está aludiendo a una manera de pensar favorable a mantener el orden social y los valores tradicionales frente a los cambios radicales del orden constituido. Lo curioso es que si se diese a elegir a la ciudadanía entre el mantenimiento del orden tradicional o la implantación de una reforma total y extrema del orden político, social y moral, la gran mayoría optaría por lo primero.

Por lo hasta aquí dicho convendría recibir con mucha más valentía los insultos del contario y no atemorizarse, porque como dijo Paulo Coelho “la ignorancia se mide en la cantidad de insultos que usan cuando no tienen argumentos para defenderse”.

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