Dos consejos al PP ante las acusaciones de corrupción

Publicado por el Jul 3, 2017

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Como he venido apuntando en anteriores Entradas de este blog, los asuntos de corrupción en los que aparece implicado el PP se caracterizan, en mi opinión, por dos rasgos. El primero es que se trata de casos antiguos: no hay ninguna acusación de que el PP esté implicado en alguna episodio actual de corrupción: todos los que saltan actualmente a los medios son de hace varios años. Y el segundo es que la oposición, ante la invariable respuesta en todas las encuestas de que el PP sigue siendo el preferido por la ciudadanía, trata de exagerar la corrupción para ver si logra trasladar a la ciudadanía que el PP sigue siendo un partido corrupto con el fin de que sus votantes acaben avergonzándose y cambien el voto a favor de otro partido.

Ante tal situación, y aunque no se me oculta que seguramente no lo necesitará, se me ocurre que el PP podría echar mano de las dos siguientes consejos para atajar las consecuencias de esos innegables y lamentables episodios de corrupción que afectan a dicho partido.

El primer consejo supone una respuesta contra las acusaciones de corrupción y consiste en que, aun admitiendo el diagnóstico de que el PP se ha visto implicado en numerosos episodios de corrupción, hay que defender que el remedio no es echarlo del gobierno. Y ello, en primer lugar, porque el PP fue la formación política que no solo evitó la indeseable intervención de la troika (nombre éste que parece tan lejano, pero que ocupó no hace mucho los titulares de toda la prensa), sino que nos ha situado en una senda, hasta ahora duradera, de crecimiento económico. Y en segundo lugar porque lo determinante para “curar a un enfermo” no es solo acertar en el diagnóstico, sino también con el tratamiento.

Y es que así como todo el mundo comprende que una gripe es enfermedad que no puede curarse con cirugía, de la misma manera debería admitirse que para curar al país de la “corrupción”, no tiene sentido que entreguemos el gobierno de la nación a un conglomerados de incapaces como “somos la izquierda”, la izquierda radical y los separatistas. Pues bien, echar a Mariano Rajoy del Gobierno haciendo uso de la aritmética parlamentaria con la disculpa de acabar con la corrupción es lo mismo que admitir que hay que operar al enfermo para curarlo de la gripe:¡un dislate!

El segundo consejo es que el PP debe convencerse de que defiende unos valores incompatibles con la corrupción. En efecto, se reprocha habitualmente al PP que defiende a ultranza la economía de mercado. Lo cual implica, a mi modo de ver, que dicho partido no puede estar de acuerdo, por principio, con cualquier forma de hacerse rico, sino solo con la que contempla el enriquecimiento personal como el resultado de un esfuerzo que sea lícito y legal.

El PP debe repudiar al que se enrique a través de la corrupción como hacen los glóbulos blancos (por seguir con el ejemplo de la medicina) ante cualquier agente patógeno que intente infiltrarse en el cuerpo humano. Y es que los corruptos son seres frente a los que debe responder con severidad un partido, como el PP, que cree en la libre y leal competencia, porque la corrupción supone una ventaja económica conseguida con juego sucio y abusivo. Razón por la cual el PP debe ponerse al frente de la enseña de los que intenten acabar con la corrupción, que, desde luego, no es de derechas por muy relacionada que esté con la búsqueda de una posición económica desahogada.

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