Una ausencia muy presente

Publicado por el Jun 30, 2017

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Permítanme que titule este artículo con ese oxímoron que revela perfectamente que lo que se hizo más presente en la conmemoración en el Congreso de los Diputados de los 40 años de democracia fue la ausencia del verdadero artífice de que seamos hoy un país plenamente democrático: el Rey Juan Carlos I.

Desconozco las razones, si es que las hubo, que indujeron a los organizadores del acto a prescindir de su presencia. Pero da la impresión de que no fue un descuido –de haberlo sido sería indisculpable- sino una determinación conscientemente adoptada.

Por la información que poseo del equipo de la Casa Real estoy seguro de que habrán aquilatado los argumentos que había a favor y en contra de la asistencia del Rey emérito. Desde luego, el Rey ausente tenía méritos absolutamente indiscutibles para ser invitado, por lo cual era muy difícil equivocarse de haber previsto su asistencia. ¡A nadie, absolutamente a nadie, le habría extrañado ver a Juan Carlos I en el Congreso de los Diputados!

Por eso, pienso que tenía que haber razones de peso para no optar por lo que hubiera sido más fácil. Hay quien dice que se evitó su asistencia para protegerlo de algún reproche público por parte de los de siempre: esos que se dedican a vociferar contra alguien sin reparar en lo que podrían hacer los demás contra ellos.

No sería la primera vez que el Rey Juan Carlos fue objeto de sonoros reproches en público. Recuerdo especialmente cómo supo capear el desagradable recibimiento que le dispensaron los separatistas con ocasión de una visita oficial al Parlamento Vasco. Por eso, de haber sido esa la razón de su ausencia, tal vez lo lógico hubiera sido preguntarle a él que prefería.

De haber habido otras, cosa que desconozco, tienen que haber sido muy poderosas porque el resultado al que condujo la decisión de que no asistiera no ha sido muy brillante. Me atrevo incluso a decir que claramente insatisfactorio, porque demostró que o bien hay poca cintura para soportar unos pitos en el Congreso (muchísimos menos que los que tuvo que escuchar en algunas finales de la Copa del Rey de Fútbol), o bien que existe una aparente disfunción entre los dos Reyes que tenemos en España. Y de ser este el caso, no estaría demás recordar que el ausente permitió con el acto de generosidad de su abdicación que fuera su hijo quien tuviera que presidir necesariamente dicho acto.

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