Nuestro panorama político tras la moción de hartura

Publicado por el Jun 16, 2017

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Saben que Baltasar Gracián escribió en su obra Oráculo manual y arte de prudencia publicada en 1647 el exitoso aforismo: Lo breve, si bueno, dos veces bueno Y añadió un pasaje menos citado que completa lo anterior: «Y aun lo malo, si poco, no tan malo». Doy por hecho que Pablo Iglesias conoce algunos aforismos de Gracián. Tengo dudas sobre si Irene Montero sabe quién fue este jesuita español de nuestro Siglo de Oro.

Pero de lo que estoy seguro es que ambos despreciaron en la pasada moción de censura los sabios consejos de Gracián. Su moción fue más de hartura que de censura porque sus intervenciones,  lejos de ser dos veces buenas por breves, no consiguieron tampoco ser menos malas por no ser poco.

Se decía hasta ahora que Pablo Iglesias era un buen estratega que manejaba con acierto los actos políticos y el momento para llevarlos a cabo. Me temo que a partir de su moción de censura solo podrá regalarle los oídos con tal cualidad el que desee hacerle mucho, pero mucho, la pelota. Y es que su estrategia resultó un verdadero fracaso.

Si su intención era hacer visible que él era el auténtico líder de la oposición,-no eran pocos los que decían que estábamos ante una moción de censura contra el PSOE-, su patética intervención aclaró el panorama político. Sin que mediaran unas nuevas elecciones, Pablo Iglesias cedió públicamente el puesto de principal partido de la oposición a un PSOE que está en proceso de recomposición.

En resumen, los ganadores fueron, por tanto, el PP y Mariano Rajoy que salieron reforzados en el papal de mejor opción posible para encargarse de la gestión de los intereses de la generalidad. Es verdad que tuvieron que escuchar todo tipo de acusaciones e improperios que revelan cierto descuido tanto en la elección de las personas a las que encomendaron funciones de gestión como en la propia labor de  vigilancia de ciertos miembros del partido. Pero se les fue tanto la mano acusadora a los líderes de Podemos que sus palabras sonaron más a un exagerado anuncio de detergente que a una crítica con rigor y precisión.

La medalla de plata fue para el PSOE al que sin saber todavía cómo saldrá de su Congreso Pablo Iglesias le reconoció ya que “son la izquierda” y que lideran la oposición. Pero falta por ver cómo reaccionará el electorado ante un PSOE excesivamente escorado a la izquierda.

Merece especial mención la canaria Ana Oramas que en una intervención muy breve y doblemente buena (ésta sí que se ajustó al aforismo de Gracián) puso en su verdadero sitio –y bien que le dolió- al macho alfa Pablo Iglesias. Los demás poco relevantes: unos con su matraca habitual del separatismo y otros dejando bien patente que solo sirven de acólitos: hacen bulto, ayudan a otros, y si cuadra les cae un poco de poder.   

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