¿Ha mejorado la democracia las entendederas de la ciudadanía?

Publicado por el Jun 9, 2017

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En lo que ahora me interesa, basta con señalar que nuestra Constitución reconoce la libertad fundamental de expresar y difundir libremente el pensamiento a través de cualquier medio. Al configurar esta libertad, la Constitución no se sitúan en el comienzo mismo en que se configuran las ideas, sino en el momento posterior en el que, estando ya formadas, se expresan. Y es que desde el punto de vista jurídico, el ámbito intelectual interno donde se forman las ideas es el único espacio en el que el hombre es verdaderamente libre. Ni la ley ni nadie puede impedir que pensemos lo que queramos. En lo único que puede intervenir la ley es en que no se prohiba su exteriorización.

Escribió Antonio Machado en su Juan de Mairena que “la libre emisión del pensamiento es un problema importante, pero secundario, y supeditado al nuestro, que es el de la libertad del pensamiento mismo”. Y añade “Digámoslo retóricamente: ¿De qué nos serviría la libre emisión de un pensamiento esclavo?”.

Es posible que alguien entienda que Machado emplea la palabra esclavo en el sentido de obediente o por mejor aún: “obediente políticamente”. Pero si se continúa leyendo su Juan de Mairena se comprueba que va más allá. Le importa el pensamiento en sí mismo, en toda su generalidad, más que el pensamiento político. Por eso, un poco más adelante al hablar de las cosas bien entendidas escribe: “… esta es la escala gradual de nuestro entendimiento: primero, entender las cosas o creer que las entendemos; segundo, entenderlas bien; tercero, entenderlas mejor; cuarto, entender que no hay manera de entenderlas sin mejorar nuestra entendederas”.

No es discutible que en nuestra actual democracia gozamos de una verdadera libertad para la expresión del pensamiento, pero ¿se han mejorado las entendederas de los ciudadanos? Un examen detenido de la Constitución permite afirmar que el Constituyente se ha preocupado también de la mejora de la capacitación intelectual. Nuestra Carta Magna proclama el derecho fundamental de todos a la educación y señala que ésta tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertadas fundamentales.

Pero las preguntas son ¿lo hemos conseguido?, ¿se puede decir que han mejorado las entendederas de la generalidad de la ciudadanía? Las respuestas para preguntas tan generales nunca son por fuerza muy precisas. Pero mi observación de la realidad me induce a afirmar que hoy el conocimiento está más extendido que nunca; que eso no supone, sin embargo, que la generalidad de la ciudadanía piense mejor; y  que, como siempre, hay una minoría que nunca se harta de saber y que configura independientemente su pensamiento. Y es que a su natural capacidad y a curiosidad intelectual añaden ahora unos medios tecnológicos para seleccionar la información que los ayuda a pensar con las más completas y potentes entendederas.

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