Víctimas abatidas por balas cargadas de sospechas

Publicado por el Jun 2, 2017

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En los últimos tiempos, observo con preocupación que la lucha política nos está haciendo transitar por un camino –del que no va a ser fácil salirse-, en el que la realidad, enmascarada hasta las cejas con untes de sospecha, se amplifica exageradamente en los medios y redes sociales para que la oposición vaya cobrándose una víctima tras otra, añadiendo en cada caso una muesca más en el revólver con el que trata de desgastar al Gobierno.

Si en La Voz de Galicia del domingo 19 de septiembre de 2010 denuncié que estábamos asistiendo a una escenificación teatral de política, lo que está sucediendo hoy en día es mucho más escandaloso.

Con la fragmentación propia del multipartidismo y la consiguiente dificultad de la oposición de hacerse con el gobierno gracias a la fortaleza mostrada encuesta tras encuesta por el PP, el Congreso de los Diputados no es una verdadera Cámara legislativa, sino un gran escenario en el que se representa la obra “a la caza del corrupto sospechoso”.

Se trata de una mezcla de la británica caza del zorro con una especie de proceso inquisitorial del Santo Oficio (véase la columna de ayer de Xosé Luis Barreiro, en La Voz de Galicia, titulada “De respetado fiscal a chivo expiatorio”), en la que los líderes de la oposición, montados en los fogosos corceles de su impaciencia por llegar al poder y al toque de corneta, se lanzan a cobrar las piezas que les van poniendo en suerte sus inestimables colaboradores de otros poderes del Estado.

Estamos, como ha escrito el citado comentarista político gallego, en un momento en el que “las mentiras y las verdades circulan por las mismas cañerías, las sospechas son más eficaces que los hechos, la retórica forense está llena de insinuaciones y confusiones conceptuales que magnifican cualquier anécdota, y donde será imposible encontrar un solo servidor público que -salvo que conciba la política y la Justicia como una cruzada de pobres contra ricos- pueda salir indemne del ambiente inquisitorial que se ha montado”.

El caso del Fiscal Anticorrupción es paradigmático: la oposición ha conseguido hacer con su dimisión una muesca más en su revólver, que añade, entre otras, a las del Ministro Soria y del ex presidente de Murcia Pedro Antonio Sánchez. Y lo están intentando, aunque creo que pincharán en hueso, con Cristina Cifuentes.

Pero no se crean que la cacería ha tocado a su fin. Muy al contrario, Pablo Iglesias, por ejemplo, declaró que “hay que sacar al PP de las instituciones”. Y me temo que no ha sido un recurso retórico, sino que ese es su verdadero objetivo. Pero lo hará al estilo venezolano: no mediante los votos, sino con “maniobras orquestales en la oscuridad” ejecutadas siempre en un escenario, como el Congreso de los Diputados que, lejos de ser destinado a su genuina función de ejercer la potestad legislativa, se ha convertido en un gran teatro en el que puede contemplarse una batida para cazar políticos perfumados simplemente con aires de sospecha.

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