El Altar y otros templos gastronómicos de Oscar Manresa

Publicado por el May 25, 2017

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Saben mis lectores que no escribo sobre gastronomía. Pero no es porque no me guste comer y beber -que sí y mucho pero moderadamente según mi propia personalidad-, sino porque carezco de los conocimientos imprescindibles para valorar  en su justa medida el llamado arte culinario. Lo único que puedo manifestar es mi gusto personal y  si hoy lo hago es con la intención de que puedan llegar a compartir lo que yo he disfrutado placenteramente.

Conocí a Oscar Manresa hace dos años. Y en otoño de 2016 le comenté que iría pronto a Barcelona con mi hija, mi yerno y una nieta. Yo había tenido el placer de cenar una noche cálida en su prestigioso restaurante LA TORRE DE ALTAMAR y degustar en compañía de unos amigos catalanes unos productos del mar exquisitamente cocinados.

Pero cuando le anuncié mi nueva visita a la ciudad condal me ofreció organizarme el almuerzo en un restaurante que había abierto en La Boquería, El Altar, y que era solo para 12 comensales. Acepté inmediatamente, pero cuando supe que el día que viajaba a Barcelona era un lunes creí que no podría celebrarse allí la deseada comida porque me había anunciado que El Altar cerraba los lunes. Así que por un momento vi mi gozo en un pozo.

Pero Oscar con su habitual amabilidad y franqueza me dijo que no importaba que fuera lunes, que abría el restaurante para mí y mi familia. No exagero si digo que su ofrecimiento me emocionó al tiempo que me confirmó que es tan excelente persona como cocinero. Y claro lo acepté de inmediato.

Y allí nos fuimos y creánme que no exagero un ápice si digo que disfrutamos del almuerzo como pocas veces en nuestras vidas. No solo el local, sino sobre todo las viandas que nos preparó Oscar quedarán para siempre en nuestro recuerdo. Y claro no tardé en volver. Ese mismo día reservé el restaurante para una comida que acabamos de celebrar el pasado 19 de este mes de mayo.

Nuevamente el resto de los comensales y yo quedamos muy gratamente impresionados tanto por el ambiente como por la calidad del menú que él mismo confeccionó con los productos más frescos de la Boquería.   

En el transcurso de ese almuerzo, Oscar me habló de su nuevo proyecto: acaba de hacerse con el tradicional restaurante “Casa Leopoldo”, uno de los locales con más historia de Barcelona, porque entendió que el patrimonio de ese restaurante era tan importante que no podía permanecer cerrado para siempre.

Así que ya me he comprometido con Oscar a que la próxima vez que vaya a Barcelona visitaré Casa Leopoldo y me tomaré, además de lo que él me aconseje, uno de mis platos favoritos que es el rabo de toro.

Desde el principio, nos hicimos saber que el fútbol nos separa absolutamente: él es barcelonista y yo madridista. Y ambos irredentos. Pero el afecto está por encima de todo cuando se tiene bien presente que el fútbol, aun siendo importante, lo es poco y desde luego nunca puede ser un obstáculo que separe a personas llamadas a entenderse y a apreciarse.   

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