El populismo, tras prometer lo imposible, mata la esperanza

Publicado por el May 18, 2017

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La Voz de Galicia de hoy informa sobre una nueva huelga general convocada por los sindicatos contra el Gobierno de Tsipras para detener la “Ley escoba” que empezó a debatir el Parlamento griego a iniciativa de Syriza. Con la huelga se pretende evitar los ajustes que va a tener que adoptar Grecia para obtener un nuevo tramo de la ayuda financiera internacional cifrado en unos 7.000 millones de euros.

En la noticia se destacan las siguientes palabras de una azafata ya jubilada de 73 años Melina Kotsaki: “No nos queda esperanza alguna. Ningún político puede ofrecerla. Lo que hace falta es un líder que ame a la patria, diga basta ya y exija la quita de toda la parte de la deuda que es ilícita”. Las quejas de Melina son comprensibles porque cuando se jubiló su pensión ascendía a 2.200 euros mensuales, posteriormente se la rebajaron hasta los 750 euros actuales y en 2019 le reducirán un 18% más.

Pero suscita dos comentarios. El primero es que convendría que Kotsaki recordara que fueron sus compatriotas quienes votaron mayoritariamente a Tsipras y Syriza porque les prometieron que se iban a oponer al pago de la deuda. El tiempo ha demostrado que solo era promesas para alcanzar el poder y que su efectividad, como podía pensar cualquier persona medianamente informada, era nula. Pero hay personas que necesitan que las engañen, porque es mejor tener esperanzas quiméricas que caer en la desesperación de la tozuda realidad.

El segundo es que Melina, tras decir que no queda ya ninguna esperanza, todavía confíe en que el problema lo solucionaría un líder que ame a la patria, que diga basta ya y que exija la quita de la parte de la deuda que es ilícita.

Pero el problema no reside en la falta de ese líder del que habla Melina, sino en que la gente olvida que lo deuda que tiene su país no le tocó en la lotería, ni le cayó llovido del cielo. Lo que se debe es lo que se pidió prestado y ya se gastó, sino que se lo prestaron con la promesa de devolverlo. Y cuando un país quiere seguir viviendo y no tiene recursos propios suficientes, no lo queda más remedio que seguir acudiendo al préstamo internacional y los prestamistas solo conceden nuevos créditos si tienen la certeza de que le devolverán lo prestado.

En España estuvimos a punto de ser intervenidos. Más aún: se alzaron numerosas voces que reclamaban la intervención de los hombres de negro. De habernos sucedido tan nefasta desgracia es muy posible que hoy nos estuvieran gobernando nuestros propios populistas que seguirían recortando y recortando nuestro estado del bienestar, cuando no nuestros derechos y libertades como sucede en Venezuela.

Y es que en las situaciones de crisis, los populistas comienzan prometiendo lo imposible hasta alcanzar el poder aunque ello suponga acabar con lo único que queda a la ciudadanía en esas tristes situaciones: la bendita esperanza. ¡Qué nadie diga que no está advertido!

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